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Banca y promotoras afrontan una nueva tormenta de ladrillo

Dar una patada a los problemas con la esperanza de que desaparezcan con el tiempo es una estrategia tan vieja como el mundo.
Kaos. Laboral y Economía | Prensa – agencias | 9-1-2011 a las 15:59 | 239 lecturas
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El primer trimestre del año acumula vencimientos de créditos inmobiliarios – La refinanciación de las deudas se complica

Dar una patada a los problemas con la esperanza de que desaparezcan con el tiempo es una estrategia tan vieja como el mundo. Se siguió en el sector inmobiliario al inicio de la crisis , cuando muchas empresas cerraron planes de refinanciación con sus bancos. Lograban así un par de años para respirar con la esperanza de que el crash del ladrillo fuera más corto. Pero no ha sido así. Si acaso, se ha agravado. Y los plazos de devolución están aquí. “En este trimestre se concentrará el vencimiento de créditos a promotoras y constructoras medianas y pequeñas. Son las que más sufrirán para refinanciarse porque la banca está más estricta que hace dos años”, reconoce el ejecutivo de una gran entidad, que pide el anonimato.

Las constructoras medianas y pequeñas son las más amenazadas

Otro factor jugó a favor de la refinanciación en 2008: entonces el Banco de España no presionaba a las entidades financieras para que reconocieran la realidad del mercado. Hoy, esa presión es máxima. “La mayoría de empresas han liquidado su cartera de viviendas terminadas y no cuentan con otros ingresos significativos. Vamos a asistir a una segunda ola de refinanciaciones a cara de perro y con muy poco margen porque ya no hay muchos activos que vender. Muchos de estos procesos, en caso de que se puedan cerrar, conducen a una muerte segura”, dice Mikel Echavarren, consejero delegado de la consultora Irea, que en dos años ha asesorado para reestructurar deudas por valor de 15.000 millones.

Al comenzar el cuarto año de la crisis más grande que recuerda el sector, los problemas se concentran en las que más suelo atesoran y en las medianas y pequeñas. “Creo que las grandes que no han caído no lo harán. A estas alturas ya se ha visto quién puede sobrevivir y quién no. Es posible que haya algún caso entre las promotoras más conocidas, pero no más”, señala otro banquero que tampoco quiere dar su nombre. “No descarto algún concurso de acreedores más este año”, concede Javier López Torres, desde KPMG. “Al refinanciar deudas para que no se disparara la morosidad, las entidades se embarcaron en una huida hacia delante. Ahora no va a ser así. Vamos a ver tres situaciones: las empresas que tengan activos de mayor calidad podrán seguir, después vendrán las que tengan que afrontar una reestructuración de su deuda; y a algunas no les quedará más remedio que el concurso”, abunda Ángel Serrano, de Aguirre Newman.

Pero parece que el tan temido concurso no ha sido tan negativo para algunas empresas que recurrieron a él al inicio de la crisis. “El ejemplo de Martinsa, a punto de salir de la suspensión de pagos, muestra que en muchos casos era mejor esa opción y no refinanciar una deuda a través de un plan muy difícil de cumplir. Y eso a pesar del detrimento en la imagen que conlleva este proceso y de que muchas de las empresas que han recurrido al concurso siguen inmersas en él o están en liquidación”, señala Angel Martín Torres, de KPMG.

El stock de viviendas sin vender, que el Banco de España cifra entre 700.000 y 1,1 millones, es uno de los agujeros negros del sector. Y el exceso de oferta continuará bajando el precio de los pisos. Pero más perjudicial es la marea de suelo que atesoran inmobiliarias y banca. El valor del suelo, que creció entre 1997 y 2007 un 500%, se ha desplomado. “El mayor riesgo está en los solares que se compraron a 30 euros por metro cuadrado y que ahora no valen más de tres. Bancos y cajas se van a quedar con esos activos. Y entonces viviremos una situación excepcional: la banca controlará el negocio inmobiliario. Ellos decidirán quién lo ejerce y quién no en los próximos años”, concluye el analista financiero José Barta.

Un banco extranjero que ha participado en grandes refinanciaciones cree que el ladrillo no se mueve porque los promotores limitan la rebaja del precio al importe del crédito. “No es realista una reducción media del 20% desde que estalló la crisis, que es la que reconocen los promotores. En los mejores casos, habrá que bajar un 30%, pero en otros, sobre todo en suelo, hay que reconocer una depreciación de hasta el 70%. Empresarios y banqueros deben admitir su pérdida. Si se sigue tapando, llegaremos al modelo japonés, que tardó 10 años en sacar la cabeza”, dicen en este banco.

¿Con qué actitud se sentarán los banqueros a la mesa donde deberán decidir si cortan el grifo? “Intentamos buscar un equilibrio para no meter más ladrillo en la cartera, pero tampoco damos por bueno lo que sabemos que no tiene futuro. No llevamos al concurso de acreedores a los que puedan pagar, aunque ahora lo pasen mal, pero hay situaciones con poca salida que hay que reconocer”, explica un miembro del comité de riesgos de una entidad.

Algunas entidades que comparten la deuda se cierran en banda. “Si una entidad se retira del crédito sindicado, cosa que suelen hacer las más debilitadas, es más difícil que el resto podamos seguir adelante, porque supondría que asumimos más riesgo”, dice un banquero. Si se va a concurso, las entidades deberán asumir un coste si han prestado con tasaciones altas y los activos se actualizan a precios de mercado.

Barta considera que si en 2008 se diagnosticó una tormenta perfecta sobre el sector, ahora deberíamos hablar de retormenta. “Con la diferencia de que las inmobiliarias más importantes ahora ya no se llaman Martinsa o Metrovacesa, sino BBVA, Caja Madrid o La Caixa”, añade.

26.200 millones de las cajas en provisionesEl Banco de España aprovechó la presentación de un informe sobre el sector en diciembre pasado para deslizar una cifra impactante: las cajas deberán realizar “provisiones adicionales con cargo a patrimonio por un importe de 26.200 millones” antes del cierre de 2010.

En el sector financiero coinciden en que esta enorme cantidad de provisiones pretende sanear los balances de las cajas reconociendo la depreciación de activos inmobiliarios. Los 10.581 millones del fondo de rescate servirán para paliar este trago amargo. Es de suponer que los bancos también tendrán que hacer provisiones extra, aunque el supervisor no lo ha especificado.

El organismo que dirige Miguel Ángel Fernández Ordóñez quiere evitar que las entidades se conviertan en inmobiliarias y promotoras. También quiere impedir que el valor de los activos del ladrillo estén en los balances a precios irreales o superiores al mercado, como les ha trasladado recientemente.

En línea con este objetivo, en septiembre puso en vigor una circular en la que acortó drásticamente los plazos en los que había que provisionar el 100% del crédito moroso hipotecario.

“La inversión potencialmente problemática del sector en construcción y promoción asciende a 180.800 millones”, ha dicho el supervisor. De ellos, los más problemáticos son los 58.000 millones en créditos de sectores “débiles” y los 70.000 millones “adjudicados y adquiridos” a cambio del pago de deudas. ¿Cuántos de estos casi 130.000 millones acabarán reconocidos como morosos?

13 enero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, BANCA, ECONOMIA, SECTOR INMOBILIARIO | , , , | Deja un comentario

Una estrategia europea para la izquierda

Una estrategia europea para la izquierda
Podemos resumir diciendo que en lugar de verlas en oposición debemos pensar intensamente en el vínculo entre la ruptura del proyecto neoliberal europeo y nuestro proyecto de crear una nueva Europa.
Michael Hudson | Rebelión | 12-1-2011 a las 13:48 |
www.kaosenlared.net/noticia/estrategia-europea-para-izquierda
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Los efectos globales de la crisis han empeorado aún más por lo que sucede en Europa. Durante treinta años las contradicciones del capitalismo se han ido superando con la ayuda de una enorme acumulación de derechos ficticios de la plusvalía. La crisis amenaza con destruirlos. Los gobiernos burgueses han decidido preservarlos afirmando que tenemos que salvar a los bancos. Han asumiso la responsabilidad de las deudas de los bancos y no han pedido prácticamente nada a cambio. Sin embargo, habría sido posible hacer que este rescate se condicionase a algunas garantías. Podrían haber prohibido los instrumentos financieros especulativos y haber cerrado los vacíos tributarios. Podrían incluso haber insistido en que asuman su responsabilidad de una parte de la deuda pública, que aumentó drásticamente debido a ese rescate.Ahora estamos en la segunda fase. Después de pasar la deuda del sector privado al público, es la clase trabajadora la que tiene que pagar. Esta terapia de choque se impone mediante planes de austeridad que son todos generalmente similares: un recorte en los gastos sociales y un aumento de los impuestos más injustos. No hay alternativa a esta forma de violencia social aparte de que sean los accionistas y los acreedores los que paguen. Es obvio y todos lo comprenden.

El colapso de un plan de la clase gobernante

Pero también piden que la clase trabajadora europea pague el colapso del proyecto para Europa de la clase gobernante. La clase gobernante pensó que había encontrado un buen sistema con la moneda única, el pacto de estabilidad presupuestaria (“Pacto de estabilidad y crecimiento”) y la desregulación de las finanzas y del movimiento de capital. La creación de una competencia entre los modelos sociales y la reducción de los ingresos de los asalariados se convirtieron en la única manera de regular la competencia inter-capitalista y de intensificar las desigualdades que beneficiaron a sólo una estrecha capa de gente en la sociedad.

Sin embargo este modelo empezó la casa por el tejado y no era viable. Presuponía que las economías europeas eran más homogéneas de lo que son en realidad. Las diferencias entre los países aumentaron debido a su lugar en el mercado global y su sensibilidad al tipo de cambio del euro. Las tasas de inflación no convergieron y los tipos de interés favorecieron burbujas inmobiliarias, etc. Todas las contradicciones de un programa limitado de integración europea que descubren actualmente los liberales del euro existían antes de la crisis. Pero están estallando bajo ataques especulativos contra las deudas soberanas de los países más expuestos.

Bajo el concepto abstracto de “mercados financieros” se encuentran sobre todo instituciones financieras europeas que especulan utilizando capital que los Estados les prestan a intereses muy bajos. Esta especulación sólo es posible debido a la política de no intervención de los Estados y tenemos que verla como presión aplicada a gobiernos aquiescentes para que estabilicen presupuestos sobre las espaldas de la gente de Europa y defiendan los intereses de los bancos.

Dos tareas inmediatas

Desde el punto de vista de la clase trabajadora es obvio lo que hay que hacer: tenemos que resistir la ofensiva de austeridad y negarnos a pagar la deuda, que no es otra cosa que la deuda de la crisis bancaria. El plan alternativo en el que hay que basar esta resistencia exige otra manera de compartir la riqueza de la sociedad. Es una demanda coherente. Se opone de hecho a la reducción de salarios, en otras palabras la apropiación de una parte creciente de la plusvalía por el capital.

La alternativa requiere una verdadera reforma fiscal que recupere los regalos que se han otorgado durante años a los negocios y a los ricos. También implica la cancelación de la deuda. La deuda y los intereses de la mayoría de la población son totalmente incompatibles. No puede haber una salida progresista a la crisis que no cuestione la deuda, sea negándose a pagarla o reestructurándola. En todo caso, algunos países no cumplirán con sus pagos y por ello es importante anticipar esta situación y decir cómo hay que administrarla.

¿Abandonar el euro?

La ofensiva que enfrentan los pueblos de Europa, es innegablemente empeorada por la camisa de fuerza europea. Por ejemplo el Banco Central Europeo, a diferencia de la Reserva Federal en EE.UU., no puede monetizar la deuda pública comprando bonos del tesoro. ¿Permitiría el abandono del euro que se aflojara la camisa de fuerza? Es lo que sugieren como paso inmediato para Grecia algunos de la izquierda como Costas Lapavitsas y sus colegas. Proponen que se haga de inmediato sin esperar que la izquierda se una para cambiar la zona euro, lo que considera imposible.

La misma idea se presenta en otros sitios en Europa y se recibe con una objeción inmediata de que incluso aunque Gran Bretaña no forma parte de la zona euro no está protegida del clima de austeridad. También es fácil comprender por qué la derecha, como el Frente Nacional en Francia, quiere abandonar el euro. Al contrario, cuesta ver cuáles podrían ser los méritos de una consigna semejante para la izquierda radical. Si un gobierno liberal fuera obligado a tomar una medida semejante por la presión de los acontecimientos es obvio que sería el pretexto para una austeridad aún más severa que la que hemos visto hasta ahora. Además no nos permitiría establecer un nuevo equilibrio de fuerzas más favorable a la clase trabajadora. Es la lección que se puede extraer de todas las experiencias del pasado.

El abandono del euro por un gobierno de izquierda sería un importante error estratégico. La nueva moneda sería devaluada ya que es, después de todo, el objetivo deseado. Pero eso abriría de inmediato un espacio que los mercados financieros utilizarían para iniciar una ofensiva especuladora. Provocaría un ciclo de devaluación, inflación y austeridad. Además la deuda, que hasta ese momento se denominaba en euros o dólares, aumentaría repentinamente como resultado de esa devaluación. Todo gobierno de izquierda que decidiera tomar medidas a favor de la clase trabajadora caería bajo una enorme presión del capitalismo internacional. Pero desde un punto de vista táctico sería mejor en esta prueba de fuerza utilizar la calidad de miembro de la zona euro como fuente de conflicto.

Es básicamente verdad que el proyecto europeo basado en la moneda única no es coherente y es incompleto. Elimina una variable de ajuste, la tasa de cambio, del conjunto de diferentes precios y salarios dentro de la zona euro. Los países en la periferia tienen por lo tanto la alternativa entre el camino alemán de congelar los salarios o sufrir una reducción en la competitividad y perder mercados. Esta situación lleva a una especie de impasse y no hay soluciones que puedan aplicarse de inmediato: dar marcha atrás lanzaría a Europa a una crisis que afectaría con mayor dureza a los países más frágiles; y comenzar un nuevo proyecto europeo parece fuera de alcance por el momento.

Si la zona euro estalla las economías más frágiles serán desestabilizadas por ataques especulativos. Ni siquiera Alemania tendría algo que ganar porque su moneda aumentaría incontrolablemente de valor y el país pasaría por lo que EE.UU. trata actualmente de imponer a varios países con su política monetaria. [1]

Existen otras soluciones que requieren una remodelación total de la Unión Europea: un presupuesto financiado por un impuesto común al capital y que financie fondos de armonización e inversiones que sean social y ecológicamente útiles, y que los países más ricos ayuden a los más pobres con su deuda pública. Pero, de nuevo, ese resultado no es posible a corto plazo, no por falta de planes alternativos sino porque su implementación requiere un cambio radical en el equilibrio de fuerzas en el ámbito europeo.

¿Qué deberíamos hacer en un momento tan difícil? La lucha contra los planes de austeridad y la negativa a pagar la deuda constituyen la rampa de lanzamiento de una contraofensiva. Entonces tenemos que asegurar que la resistencia sea fortalecida por los argumentos a favor de un proyecto alternativo y la elaboración de un programa que presente respuestas “prácticas” y una explicación general del contenido de clase de la crisis. [2]

La tarea específica de la izquierda radical internacionalista es vincular las luchas sociales que ocurren en cada país con la argumentación por una Europa diferente. ¿Qué hacen las clases gobernantes? Reconocen la realidad de las políticas que tienen que seguir porque defienden intereses que siguen basándose en gran parte en lo nacional y son contradictorios. Pero en cuanto tienen que imponer medidas de austeridad a sus propias clases trabajadoras presentan un sólido frente unido.

Hay cosas mejores que hacer que subrayar las diferencias muy reales que existen entre los países. Lo que está en juego es asumir un punto de vista internacionalista con respecto a la crisis en Europa. La única manera de oponerse realmente al ascenso de la extrema derecha es sugerir otros objetivos que los chivos expiatorios de costumbre y afirmar una verdadera solidaridad internacional con los pueblos que están sufriendo más debido a la crisis, exigiendo que las deudas sean compartidas por igual en toda Europa. Por lo tanto, tenemos que presentar, para Europa, un proyecto alternativo al de la burguesía europea que arrastra hacia atrás a todos los países desde el punto de vista social. ¿Cómo es posible que no se comprenda que nuestras movilizaciones, a las cuales la clase gobernante se enfrenta de manera coordinada en el ámbito europeo, tienen que basarse en nuestro propio proyecto coordinado? Aunque es verdad que las luchas que tienen lugar en un marco nacional serían fortalecidas por una perspectiva semejante en lugar de ser debilitadas u orientadas hacia callejones sin salida nacionalistas. Los estudiantes que se manifestaron en Londres gritando “todos juntos en esto, todos juntos en esto” son un símbolo de esa esperanza viva.

Por una estrategia europea

La tarea es tan difícil como el período abierto por la crisis. Sin embargo, la izquierda radical no debe bloquearse en la alternativa imposible e iniciar la arriesgada aventura de abandonar el euro y una idea utópica de armonización monetaria. Podríamos fácilmente trabajar hacia algunos objetivos intermedios que cuestionen las instituciones europeas. Por ejemplo:

  • Los Estados de la Unión Europea deberían pedir prestado directamente al Banco Central Europeo (BCE) a tasas de interés muy bajas y los bancos del sector privado deberían ser obligados a hacerse cargo de una cierta proporción de la deuda pública.
  • Debería establecerse un mecanismo para defaults, que permita que la deuda del sector público sea anulada en proporción a las ventajas tributarias para los ricos y el dinero gastado en rescates de los bancos.
  • La estabilización presupuestaria tiene que modificarse mediante una reforma fiscal que grave movimientos de capital, transacciones financieras, dividendos, grandes fortunas, altos salarios e ingresos de capital a una tasa estándar en toda Europa.
  • Tenemos que comprender que estos objetivos no están más o menos distantes que una “salida del euro” que sería beneficiosa para la gente trabajadora. Sería definitivamente absurdo esperar una salida simultánea o coordinada para todos los países europeos. La única hipótesis estratégica que uno puede concebir entonces debe tomar como punto de salida la experiencia de una transformación social que comience en un país. El gobierno del país en cuestión toma medidas, por ejemplo, la imposición de un impuesto al capital. Si piensa con claridad, anticipará que será objeto de represalias e impondrá controles sobre el capital. Al tomar esta medida de reforma tributaria entra abiertamente en conflicto con las reglas del juego europeo. No tiene interés en abandonar unilateralmente el euro. Sería un enorme error, estratégico ya que la nueva moneda sería atacada de inmediato con el objetivo de derrumbar la economía del país “rebelde”.
  • Tenemos que abandonar la idea de que existen atajos “técnicos”, suponer que el conflicto es inevitable y estructurar un equilibrio favorable de fuerzas del que forme parte la dimensión europea. Un punto de apoyo es la capacidad de dañar intereses capitalistas. El país que comience podría reestructurar la deuda, nacionalizar el capital extranjero, etc. o amenazar con hacerlo. Los gobiernos “de izquierdas” de Papandreou en Grecia o Zapatero en España, ni siquiera sueñan con hacerlo.

    El principal punto de apoyo proviene de la adopción cooperativa de las medidas. Es totalmente diferente del proteccionismo clásico, que básicamente siempre trata de ganar terreno mordisqueando partes del mercado global. Toda medida progresista, por otra parte, es efectiva en la medida en que es compartida por una serie de países. Por ello deberíamos hablar de una estrategia basada en la siguiente idea: estamos dispuestos a gravar el capital y daremos los pasos necesarios para protegernos. Pero también esperamos que esas medidas, que proponemos se implementen en toda Europa.

    Podemos resumir diciendo que en lugar de verlas en oposición debemos pensar intensamente en el vínculo entre la ruptura del proyecto neoliberal europeo y nuestro proyecto de crear una nueva Europa.


    Notas

    (1) Michael Hudson, “U.S. ‘Quantitative Easing’ Is Fracturing the Global Economy.”

    (2) Bloco de Esquerda (Left Bloc) Portugal: “On the crisis and how to overcome it,” 23 de mayo de 2010.

    Michael Hudson es profesor distinguido de investigación de economía en la Universidad de Missouri, Kansas City y autor de Super-Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (1968 & 2003) y Trade, Development and Foreign Debt (1992 & 2009). Este artículo apareció en el sitio en la Red de Socialist Resistance.org.

    Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=22708

    13 enero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, BANCA, CRISIS, DEUDA, ECONOMIA, IZQUIERDA | , , , | Deja un comentario

    TODOS LOS ANALISTAS COINCIDEN: OCCIDENTE está en un callejón sin salida.

    TODOS LOS ANALISTAS COINCIDEN: OCCIDENTE está en un callejón sin salida.

    ¿Han agotado los Bancos Centrales su munición?

    @S. McCoy – 21/03/2009

    EL diferencial entre la economía real y la financiera sigue creciendo.

    Los bancos centrales siguen inyectando un dinero que no existe para poder pagar la deuda.

    Poco a poco la crisis nos va familiarizando con términos que nos eran completamente desconocidos hace tan sólo unos meses. Conceptos como subprime, o el NINJA (no income, no jobs, no assets) que da nombre al libro de nuestro joven bloguero Leopoldo Abadía, se han convertido en parte de nuestro vocabulario, anglicismos de traducción más enrevesada que el original y que hemos decidido adoptar en su idioma primigenio.

    Una coyuntura tan extraordinaria como la actual está constantemente generando variantes semánticas, nueva terminología que ha venido para quedarse una temporada. Esta semana se ha puesto de moda una denominación adicional: quantitative easing, el último y desesperado intento de los bancos centrales por tratar de activar el flujo de dinero en la economía.

    Hoy dedicaremos a lo que es un neologismo para la inmensa mayoría, este post de puente que no vean si da pereza escribir. Me inspiraré en las suaves colinas de Villamanta-Madrid donde disfruto de la familia política cual yerno ejemplar.

    Para la mayoría de los analistas tanto económicos como financieros, el quantitative easing hace referencia a una actuación de carácter excepcional por parte de los guardianes de la ortodoxia en virtud de la cual, y toda vez que se han agotado los mecanismos tradicionales de política monetaria como las rebajas de tipos de interés o la relajación del coeficiente de liquidez exigido a las entidades privadas, intervienen directamente en el mercado mediante la compra de unos valores negociados determinados con el fin de aumentar la oferta monetaria en circulación, abaratar los costes de financiación,  procurar una reactivación del crédito y evitar la deflación.

    Para algunos autores, comoWillem Buiter, no es exactamente así: es verdad que la expansión del balance de los bancos de bancos entraría dentro de la categoría del quantitative easing pero no es menos cierto que, según el perfil de los activos a adquirir, se podría modificar la composición de dicho balance, en cuyo caso entraríamos en lo que él denomina qualitative easing.

    Los Bancos Centrales continúan quemando cartuchos.

    Más allá de esa disquisición teórica, que a día de hoy y a los efectos que nos ocupan resulta irrelevante, lo cierto es que tanto el Banco de Inglaterra como la Reserva Federal han decidido tirar por la calle de en medio y seguir quemando unos cartuchos que, al menos desde un punto de vista formal y en la medida en que sus respectivos Tesoros les permitan seguir engordando sus activos, pueden prender indefinidamente.

    The sky is the limit, a costa eso sí de depreciar el valor del dinero en circulación -que es fiduciario, esto es: basado en la confianza en que el emisor atenderá su pago- y sembrar dudas sobre el advenimiento futuro de una inflación disparada como consecuencia de la superabundancia de liquidez.

    Prueba de ello es la reacción inmediata de los distintos mercados al anuncio de medidas de este corte: caída de la rentabilidad de los bonos (a más precio, menos retorno); subida fulgurante de las materias primas (anticipando el aumento de los precios); debilidad de la moneda afectada (por incertidumbre sobre su valor que se refleja igualmente en el rebote del oro).

    Si Estados Unidos ha comprometido el equivalente al 80% del Producto Interior Bruto español en recomprar deuda soberana a dos y diez años (300.000 millones de dólares en seis meses), hacerse con más activos hipotecarios (750.000 a añadir a los 500.000 ya comprometidos) y liberar una parte adicional de los compromisos de pago de Fannie Mae y Freddie Mac (100.000 millones para un total de 200.000), pese a que el dinero en manos del sistema en aquél país viene creciendo a un ritmo del 15% interanual desde septiembre sin resultados visibles sobre su economía

    y el Banco de Japón ha decidido ampliar sus compras mensuales de deuda de 11.000 a 14.000 millones de euros mensuales en medio de la mayor contracción de PIB de su historia moderna, superior al 12%,

    Reino Unido ha ido más allá al señalar que adquirirá uno de cada cinco activos públicos de renta fija en los próximos tres meses en un importe que, más allá de los beneficios que del ahorro en el pago de intereses puede suponer, implica comprometer dos veces el volumen monetario actualmente en circulación.

    Como señalaba recientemente Edward Chancellor en el FT, cualquier intento futuro de reducir de forma ordenada una burbuja de tal dimensión parece a primera vista imposible, tanto si las circunstancias presentes se mantienen como si finalmente el pim pam pum de medidas administrativas logra cambiar las tornas.

    Un nuevo error en la política monetaria.

    Todavía si sirviera para algo, un esfuerzo de este calibre estaría justificado ante la gravedad de la situación actual.

    Pero servidor se une a las voces de los que piensan que se trata de una iniciativa precipitada que el tiempo probará, de nuevo, inefectiva.

    Básicamente porque vuelve a perder el foco de donde realmente se encuentra el meollo de la crisis actual que es, precisamente, en la sobreabundancia de crédito consecuencia, entre otros factores, de la laxa política monetaria llevada a cabo por los propios guardianes a principios de este siglo.

    Una montaña de deudas que hay que repagar y sobre las que se cierne la siniestra sombra de la morosidad. Si esta falta de perspectiva unimos la incertidumbre sobre el valor real de su riqueza y la estabilidad laboral que tiene el ciudadano medio, sus dudas sobre la viabilidad del sistema y los anormales, por bajos, niveles de ahorro acumulado en las economías desarrolladas a lo largo de los últimos ejercicios la trampa de liquidez está servida. So sorry.

    El dinero abunda pero no circula lo que, a su vez, incide en el impacto de los ambiciosos planes de política fiscal, al reducir notablemente el valor del multiplicador de la inversión pública sobre la iniciativa privada.

    El círculo vicioso se cierra con el temor popular a tener que pagar mañana vía impuestos los dispendios estatales del hoy, lo que puede incidir aún más en la voluntad de acaparar dinero de particulares y empresas y en su falta de respuesta al quantitative easing.

    Dos consideraciones finales. Una, en un entorno como el descrito, la amenaza inflacionaria pierde automáticamente fuelle toda vez que no hay visos inmediatos de reactivación del consumo y de la actividad crediticia.

    Pero es que, aunque así fuera, para que el aumento de demanda se concretara en subidas generalizadas del coste de la vida se requeriría de una oferta productiva ajustada, con limitada capacidad excedentaria.

    Y tal y como se puede constatar en esta interesante pieza del WSJFed feels pressure from excess capacity in US economy, se trata de una posibilidad muy alejada actualmente de la realidad; algo que tardará años en corregirse.

    Y dos, las necesidades de financiación de la economía norteamericana, unos 150.000 millones de dólares al mes, cuyo atractivo para terceros foráneos es menor conforme avanza la crisis según Naked Capitalism, hacen que cualquier intento presente de disminuir los costes de financiación, especialmente hipotecarios, sean pan para hoy y hambre para mañana.

    La respuesta del mercado al exceso de oferta vendrá necesariamente vinculada a retornos de la deuda más altos.

    Por tanto, de la secuencia que caracteriza el quantitative easing sólo nos queda el primer estadio: el incremento de la oferta monetaria. Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere.

    Si aceptamos como válida la comparativa con la Gran Depresión del 29, por lo que a la quiebra del sistema financiero se refiere, podemos concluir con James K. Galbraith, hijo del gran estudioso de aquel periodo John K. Galbraith, que en una situación como la actual, y ante la escasez de recursos administrados, el valor de los errores derivados de las iniciativas gubernamentales es sustancialmente superior al efecto inmediato de sus aciertos, la osadía en el tratamiento de las cuestiones no es incompatible con la prudencia a la hora de medir sus efectos y las situaciones críticas de largo plazo no pueden ser abordadas desde la perentoriedad de las prisas a corto.

    Un artículo sensacionalpublicado en el Washington Monthly cuya lectura les recomiendo. Desgraciadamente el juicio sobre elquantitative easing no parece superar los tres elementos de juicio que acabamos de pronunciar. O si no, pregúntense conmigo: si esto no funciona, ¿qué queda para después? Sólo el vacío. El BCE se encuentra a tiempo de evitar caer, pese a las presiones, en el mismo error…

    13 enero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, BANCA, CRISIS, DEUDA, ECONOMIA, ESPECULACIÓN | , , , , , | Deja un comentario