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La cara oculta de las noticias

Del Tribunal Constitucional a la independencia. Pasando por Quebec

Jordi Pujol
Editorial / 25 de Enero de 2011

Podría ocurrir que de aquí a un tiempo en el tema de la relación entre España y Catalunya nos tuviéramos que enfrentar al dilema siguiente: o la España que el Tribunal Constitucional ha dibujado, bajo presión descarada del PP, posición entre ambigua y bajo mano también contraria del PSOE y el apoyo mayoritario de la opinión pública española, o la independencia.
Hace unos años parecía que podríamos evitar esta disyuntiva.
Hace treinta, o treinta y cinco años, e incluso hace diez años parecía viable que una evolución favorable de la interpretación de la Constitución y los efectos positivos de una colaboración política, económica y de hábitos convivenciales entre Catalunya y España fuera consolidando una estructura del Estado español que permitiera el reconocimiento claro y consolidado de la personalidad propia y diferenciada de Catalunya.
Con respeto y garantía de la identidad, con una grueso de competencias que realmente significara un autogobierno muy importante y con la financiación adecuada para atender bien a sus ciudadanos y elaborar y aplicar proyectos colectivos ambiciosos.
Naturalmente, todo ello comportaba una contribución leal y a fondo por parte de Catalunya al progreso democrático, económico, social y de prestigio de España. Es lo que, en algunas ocasiones, desde estos editoriales hemos denominado el proyecto Vicens Vives/Espriu.

Esto ha fracasado. Desde hace unos años se ha ido consolidando un modelo homogeneizador, de techo competencial muy bajo, es decir, de autogobierno muy limitado y sometido a un creciente ahogo financiero.

Esto encaja completamente con la concepción de siempre de España, con el objetivo que siempre ha tenido: un poder político unificado, una centralización económica y una uniformización lingüística y cultural de signo castellano.

Es el final de Catalunya como nación, lengua y conciencia colectiva.

No mañana mismo, pero sí a pocas décadas vista. A través de un proceso gradual de marginación y de residualización de la catalanidad.

Porque a estas alturas es ingenuo pensar que se podrá frenar el proceso de ir atornillando la Autonomía, y de hecho la identidad, el autogobierno y la economía de Catalunya con nuevas negociaciones, como pretenden aún algunos socialistas catalanes.

Si algún cambio puede haber, de momento, es más fácil que sea para mal que para bien.

Por lo tanto, la alternativa a esto ahora tan solo podría ser la independencia.

25 enero, 2011 - Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, EDITORIAL | , ,

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