cibernoticias EXPRESS

La cara oculta de las noticias

Gadafi se atrinchera en Trípoli tras perder ciudades al este y al oeste

Gadafi se atrinchera en Trípoli tras perder ciudades al este y al oeste

Los rebeldes controlan nuevas ciudades y arrinconan al régimen en la capital.- Italia sostiene que la represión de las protestas se ha cobrado ya 1.000 muertos.- El régimen amenaza a los periodistas internacionales al asegurar que los considera “colaboradores de Al Qaeda”

ÁLVARO DE CÓZAR / Ras el Adjir (Enviado Especial) 24/02/2011

El sabor de la libertad recuperada es intenso y contagioso y las ciudades del oeste de Libia también parecen querer experimentarlo. Hasta el martes, la revuelta solo llegaba hasta el este, a lugares como Bengasi y Tobruk, donde miles de personas han tomado el control. Sus compatriotas del oeste se les unieron ayer, según los testimonios de los que huyen de los enfrentamientos y se refugian en Túnez.

Cabeza de la revolución

Ampliar

Manifestantes y soldados lanzan consignas contra Gadafi en Tobruk.- REUTERS


La revuelta libia mantiene el vigor pese a las amenazas pronunciadas el martes por Muamar el Gadafi, el dictador que dirige el país desde hace 42 años. En el oeste, donde se están produciendo fuertes combates, según testigos que llegan a la frontera con Túnez.

La situación de los partidarios de Gadafi es tan desesperada que 17 pilotos de la Fuerza Aérea de Libia han sido ejecutados en Trípoli tras negarse a bombardear barrios en poder de los rebeldes de la ciudad de Zauia, a 44 kilómetros de la capital, según fuentes libias relacionadas con el Ejército, informa Ignacio Cembrero. El diario Quryna -perteneciente a un grupo mediático propiedad de un hijo de Gadafi- informa de que un avión militar se ha estrellado a las afueras de la ciudad, sin causar víctimas.

El motivo: el piloto y el copiloto del aparato, un Sukoi 22, han saltado en paracaídas para evitar cumplir la orden de bombardear la ciudad.

Los informes de los refugiados que cruzan la frontera hacia Libia informan de que los combates son muy intensos tanto en las ciudades como en las carreteras. De confirmarse los informes, Gadafi prácticamente no controlaría más que el sur de Trípoli.

Esos informes dicen que los 200 kilómetros que separan el puesto fronterizo de Ras el Adjir de Trípoli están llenos de retenes controlados por soldados libios, todavía seguidores del dictador.

Sin embargo, en al menos tres ciudades de ese trayecto, Zuara, Zauiya y Sabratha, así como Musratha, más al este de la capital, los rebeldes han conseguido vencer. Otras fuentes señalan que solo van camino de ello.

Los rebeldes en esa zona entre la carretera que bordea la costa y las montañas son tres tribus que parecen haberse hecho con el control: nawayel, loregim y jewailed.

En cualquier caso, lo que parece claro es que la estrategia de dejar el este en manos de la revuelta y concentrar sus fuerzas en la parte occidental del país no está teniendo los resultados que esperaba Muamar el Gadafi, cada vez más arrinconado en la capital y cuya única fuerza son los soldados que aún le siguen y las milicias de mercenarios africanos, que han sembrado el pánico en Trípoli.

Todos los testimonios que llegan hasta la frontera desde allí les describen como hombres temibles armados que disparan y matan a todo aquel que encuentran a su paso. Ellos, según cuentan los refugiados, han convertido la capital del país en una ciudad fantasma.

El aeropuerto de Trípoli, según contó una pasajera a la agencia Associated Press, era ayer “asediado” por miles de personas que pretendían salir del país y se había convertido en un “caos total”.

El número de muertos sigue siendo todavía una incógnita y oscila entre los 300 declarados por el régimen, los 1.000 considerados verosímiles por el ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, y los 10.000 que señala la cadena Al Arabiya.

En ese escenario, Gadafi se ha convertido en un hombre ensimismado por sus propios y largos discursos que pierde apoyos según pasan las horas. A las dimisiones de los ministros de Justicia y Emigración, se ha sumado la del ministro del Interior y antiguo compañero de armas, el general Abdulá Yunis, que anunció su adhesión a la denominada Revolución del 17 de Febrero, que reclama la salida del dictador.

El ministro pidió al Ejército que se sume a los manifestantes y respalde sus demandas “legítimas”. El exministro de Justicia Mustafá Abud al Jeleil ha asegurado que tiene “pruebas” de que Gadafi ordenó el atentado de Lockerbie, en el que 270 personas fallecieron en 1988.

Las autoridades de Malta negaron ayer permiso de aterrizaje para un avión libio a bordo del cual supuestamente viajaba Aisha Gadafi, hija del dictador, según informó Al Yazira. Ella misma desmintió poco después en una televisión estatal libia que hubiera abandonado el país, informa France Presse.

“Perderá y tendrá que irse o morirá en Trípoli, pero nada podrá evitar que el pueblo acabe con él”, dice en el puesto fronterizo de Ras el Adjir un libio que se envuelve con la antigua bandera tricolor del reino de Libia (1951-1969) en lugar de la actual, de color verde, adoptada en 1977.

Esa bandera todavía se divisa desde Túnez al final de la frontera, en la parte libia y todavía inaccesible.

El puesto fronterizo es el punto de encuentro de periodistas, ONG y ciudadanos tunecinos que se acercan a ver la llegada de los refugiados, unos 10.000 en los dos últimos días, la mayoría tunecinos o de otras nacionalidades que trabajaban en Libia.

A medida que iban pasando, cargados de maletas y bolsas de plástico, los tunecinos les recibían con algunos gritos utilizados en las protestas que acabaron hace más de un mes con la huida del dictador de Túnez, Ben Ali. “Dégage, dégage… [lárgate].

Lo gritamos entonces contra él y lo dijeron también los egipcios con Mubarak. Es el momento de los libios”, comenta un habitante de la ciudad tunecina de Ben Gardan, a 35 kilómetros de la frontera, que se había desplazado hasta la aduana para dar la bienvenida a los refugiados.

Algunos de ellos mostraban pruebas de las medidas que el régimen está aplicando a los extranjeros. Un joven se quitó la camiseta delante de los periodistas y enseñó la espalda llena de marcas de haber recibido palos hasta la extenuación.

“Soy tunecino y la policía de allí nos odia porque conseguimos lo que queríamos en Túnez, echar al dictador. Eso nos convierte en objetivo”, explicaba.

Las informaciones que proceden de todo el país siguen sin estar confirmadas, pero poco a poco las imágenes van llegando, pese a los esfuerzos del régimen por desconectar a los libios, ya sea confiscando tarjetas de móvil o impidiendo el uso de Internet.

La revolución libia se parece a la vivida por tunecinos y egipcios. La marea de informaciones desde las redes sociales o el portal de vídeos Youtube es imparable.

El Gobierno libio ha respondido con nuevas amenazas, señalando que una de las regiones orientales está bajo control de Al Qaeda y que los reporteros internacionales que han cruzado la frontera son considerados “colaboradores de Al Qaeda”.

El régimen, como hizo Gadafi en su discurso, sigue vinculando las revueltas con supuestos elementos terroristas para intentar legitimar así el desmedido uso de la fuerza que ha empleado en la represión. Mientras, la presión internacional sigue en aumento. Bruselas ha encargado ya una lista de posibles sanciones, una medida que también está estudiando Washington.

Peor en Bengasi, la segunda ciudad del país y principal bastión de la protesta, los manifestantes ya han tomado por completo el poder, según han podido comprobar reporteros de Reuters.

Miles de personas ocupan las calles de esta localidad, situada 1.200 kilómetros al este de la capital, Trípoli, y festejan el fin del poder de Gadafi. La situación es similar a la del resto de ciudades.

Testigos y periodistas que han logrado entrar en el país por Egipto confirman que la ciudad fronteriza de Musaid está también en manos de los manifestantes. Lo mismo pasa, avanzando 150 kilómetros hacia el oeste,en Tobruk, un puerto estratégico en el distrito más próximo a Egipto.

Los militares decidieron apoyar allí las protestas y este miércoles, por primera vez, se han podido ver imágenes en directo de una manifestación anti-Gadafi porque han entrado televisiones internacionales.

“Disparan de forma indiscriminada contra la gente”

Testigos de la represión describen Trípoli como una zona de guerra

EL PAÍS – Madrid – 23/02/2011

  • Propia de una ciudad sin ley, la escena se ha hecho habitual en Trípoli en las últimas 48 horas.

Un coche, con una gran foto de Gadafi en la luna, se pasea por la calle y, al cruzarse con un grupo de personas en una esquina o a la puerta de un edificio, puede verse cómo se bajan las ventanillas y del interior sale una ráfaga de disparos. Son los mercenarios del dictador libio, que quieren imponer el caos.

  • “A través de las ventanas vemos cómo abren fuego los soldados”

“Los helicópteros y los matones de los coches patrulla nos atacan”

“Disparan contra la gente de forma indiscriminada”, explica a EL PAÍS un ingeniero libio, residente en la capital, que quiere guardar el anonimato por temor a las represalias. “No son muchos, pero son asesinos”, sentencia.

Un ciudadano español, que vive en Trípoli y también prefiere no dar su nombre por seguridad, refleja el mismo temor en sus palabras: “Salir a la calle es muy complicado y peligroso. Los helicópteros y las patrullas de coches atacan a la gente”.

El centro administrativo y económico del país se ha convertido en un escenario donde reinan la anarquía y el terror. L

os opositores al régimen han levantado muchas barricadas para impedir el paso de los vehículos del Ejército que transportan armamento pesado, mientras los partidarios de Gadafi ondean banderas verdes y disparan al aire para sembrar el desconcierto.

Juan Prunes, un español que trabaja para una petrolera canadiense en Libia, cuenta que su hotel está cerca de la plaza Verde y que apenas ha podido pegar ojo en las últimas horas:

“Cambiamos el ruido de las bocinas por los tiros”. De camino a la oficina, Prunes sintió ayer que estaba en una ciudad que se precipitaba al vacío. “Pude ver el Congreso ardiendo”, dice asustado.

Todos tratan de ganar la batalla de la calle, incluso los que solo buscan regresar a la normalidad en medio del desorden.

Después de que los cazabombarderos sobrevolasen el cielo durante horas el lunes, la gente salió a la calle ayer, según el testimonio del ingeniero libio, con el objetivo de “encontrar pan” y “algo de combustible”. En todo momento, bajo la amenaza de jugarse la vida si un coche paraba y bajaba la ventanilla.

Algunos testigos contactados hablan de mercenarios africanos, pagados por Gadafi y que ni siquiera hablan árabe y solo saben matar. Otros se refieren a fieles del tirano beduino, que han levantado sus sables con la idea de hacer más que ruido y morir matando.

“Aquí, todo lo que se ven son señales de guerra”, afirma el seleccionador nacional de fútbol sala de Libia, el gallego Pablo Prieto, que pudo hablar con su familia por Internet. Tanto él como su preparador físico, el extremeño Luis Castellano, dicen estar “acojonados”.

“En el camino hemos encontrado más de 20 coches quemados, escasea la gasolina y hay colas de kilómetros ante las estaciones de servicio”, relata.

Amira, una joven profesora libia en una guardería de Trípoli, asegura por teléfono que no se atreve a salir de casa: “A través de las ventanas vemos disparar a los soldados continuamente y se oyen gritos”.

No solo siente miedo a los disparos, sino también a quedarse incomunicada. “La línea telefónica se corta cuando menos lo esperas e Internet se cae con frecuencia”, explica la maestra, que cree que la clave del cambio está en la unión de los líderes de las tribus contra Gadafi:

“La decisión está en sus manos. Muchos de sus hijos y familiares están muertos y piensan que su sangre no es barata”.

A pesar del escenario indeseable, asegura que no se le pasa por la cabeza huir: “Soy libia. Nací en este país y moriré en él”.

No todos piensan igual. Muchos han hecho sus maletas, pero abandonar el país africano se ha convertido en una misión imposible. “Más de 3.000 turcos esperan a las puertas del aeropuerto para coger un vuelo y dejar el país”, explica un ciudadano español residente en la capital libia.

“En las fronteras está comenzado el pillaje y si intentas salir por los pasos fronterizos de Túnez o Egipto te quitan el dinero, el móvil y todas tus pertenencias”.

Elisenda López, una catalana casada con un británico, explica que su marido estaba atrapado ayer en Bengasi. “Anoche [el lunes] fue la última vez que hablé con él. Estaba atrincherado con unos italianos en el hotel Al Hurra”.

Con el aeropuerto de Bengasi destruido, la única opción para ser evacuado es tomar un barco a Malta o arriesgarse a emprender una larga ruta por carretera hasta la frontera con Egipto.

Con información de Cecilia Jan, Aurora Muñoz, Fernando Navarro, Gloria Rodríguez-Pina, Miguel Ángel Medina, Iván de MoneoBelén Hernández.

 

Anuncios

24 febrero, 2011 - Posted by | libia | , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: