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Ahora, Siria

Ahora, Siria

25.04.11 – 00:52 –

INOCENCIO F. ARIAS |
  • Occidente, el Occidente comprometido, no sabe dónde acudir. Enfrascado en la guerra de Irak, preocupado con la transición de Egipto y Túnez, la emigración tunecina está provocando una nueva división en el seno de la Unión Europea, se encuentra de pronto con una explosión en el polvorín de Siria.
  • La primavera de las revoluciones árabes empieza a marchar demasiado deprisa para ser cómodamente engullida.
Los sucesos del viernes 22 en Siria son muy graves. Las fuerzas del orden no solo disparan directamente a los manifestantes sino que causan varias decenas de muertos.
Las cifras facilitadas por los participantes y por asociaciones humanitarias puede que estén engordadas pero queda claro que ya no se trata de un hecho aislado, una reacción nerviosa de un soldado.
El régimen parece que abre paulatinamente la mano y simultáneamente no vacila en demostrar que aquello no es Túnez o Egipto, que no le tiembla el pulso en la represión.
Lo malo es que la reacción tiene un tufillo de Gadafi y Occidente comienza a preguntase por qué en Libia sí y en Siria no. Los manifestantes sirios parecen ser muchos menos que en los días iniciales de Libia, quizás porque, de un lado, el régimen sirio tiene una parte mayor de la población con él y, de otro, un control absoluto del Ejército y la policía.
La reacción final, sin embargo, es la misma. Se actúa con enorme dureza contra pacíficos manifestantes precisamente en la fecha, esta es la cruel paradoja que cuestiona la sinceridad del régimen de Asad, en que se anunciaba el levantamiento del estado de excepción vigente desde hace años.
Que se haya expulsado a un buen número de periodistas extranjeros no augura tampoco nada bueno.
Los que protestan, aún no multitudinarios aunque ya presentes en diversas ciudades, se han envalentonado con el ejemplo de otros países árabes y, a pesar de la represión, ahora piden ya reformas democráticas más serias y la eliminación del artículo 8 de la Constitución que establece la hegemonía del partido Baaz.
El paso siguiente podría ser la petición del abandono del poder del presidente Asad, un oculista formado en Occidente que subió al ‘trono’ en el año 2000 para suceder a su padre, que ocupó la Presidencia durante treinta años.
El régimen de los Asad tiene un pasado tenebroso.
El padre liquidó a miles de opositores y, durante el ‘reinado’ del hijo, los servicios secretos sirios asesinaron al presidente sirio Al Hariri y no han cortado su ayuda al grupo extremista libanés Hezbolá, autor de numerosos atentados y causante de enormes quebraderos de cabeza a Israel.
Este comportamiento vidrioso provocó que Estados Unidos retirase su Embajador de Damasco hace cinco años, que volvió hace un mes.
Los sucesos de este viernes han originado la lógica repulsa en Occidente que eleva el tono de su protesta. Obama, por primera vez, responsabiliza frontalmente a Asad de lo que está ocurriendo aunque, a diferencia de lo que ocurrió con Mubarak o Gadafi, no le pide que se marche. (Hillary Clinton llegó incluso a decir hace unas semanas que el presidente sirio era un «reformista», por lo que sería crucificada en muchos mentideros de su país).
Las razones por las que Occidente y los vecinos de Siria se mueven con pies de plomo, mostrando menos animosidad que con Libia, son diversas.
Estados Unidos ya aplica sanciones a Siria, comercia escasamente con ella, cree que es Europa quien le debe apretar las tuercas y teme, además, que la inestabilidad siria afecte al proceso de paz en Oriente medio.
Parecida preocupación tiene Israel, receloso de que el sucesor de Asad pida inmediatamente la devolución a Siria de los altos del Golán, zona estratégica que Israel deberá entregar pero que no tiene prisa en hacerlo.
Otros vecinos muestran también remilgos al cambio, Turquía tiene pavor a la desintegración siria, que traería demandas secesionistas de los kurdos de ese país, que contagiarían a la inquietante minoría kurda en Turquía.
De su parte, Arabia Saudita desconfía de cualquier propagación del virus democrático en la zona.
En resumen, muchos de los actores estiman que tal vez más vale lo malo conocido (un Asad que a lo mejor inicia reformas) que lo bueno por conocer.
Paralelamente, son muchos los analistas que fustigan esta actitud hipócrita y que aducen que Occidente no puede cerrar los ojos al ansia de libertad de ese país árabe y añaden, como hace Elliot Abrams, un argumento de peso: el cambio de régimen de Damasco será un golpe impactante para su aliado Irán.
Siria viene siendo un funesto portaaviones del gobierno de los ayatolás.
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24 abril, 2011 - Posted by | siria |

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