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Del Zapatero que se quedó sentado al paso de la bandera norteamericana al que aplaude la ejecución de Bin Laden

Del Zapatero que se quedó sentado al paso de la bandera norteamericana al que aplaude la ejecución de Bin Laden

04 may 2011

La política, la utilización del poder, es un corrosivo de los principios éticos. Barack Obama era la esperanza de que la dirección del imperio podía ser humana y honesta: acaba de entrar en el panteón de los presidentes norteamericanos que mandaron ejecutar a Augusto César Sandino, a Salvador Allende o a Ernesto Ché Guevara y a tantos otros.

Naturalmente la distancia de la condición humana de César Antonio Sandino, Salvador Allende y Ernesto Ché Guevara está a años luz del criminal Osama Bin Laden, pero la frialdad y la falta de ética para mandar su asesinato, es la misma.

Acaba de contaminarse con las torturas de Guantánamo y a Abú Grahib. Y se ha contaminado, no porque los asesinados por la CIA tengan necesariamente personalidades comunes, sino porque todos ellos, y también el criminal Bin Laden, eran enemigos de Estados Unidos. Los presidentes ordenaron golpes de estado, entrenaron para la tortura y colaboraron en hacer desaparecer a los presuntos comunistas que encontraron por todo el mundo. Obama no es distinto.

Acaba de contaminarse con las torturas de Guantánamo y a Abú Grahib. Y se ha contaminado, no porque los asesinados por la CIA tengan necesariamente personalidades comunes, sino porque todos ellos, y también el criminal Bin Laden, eran enemigos de Estados Unidos. Los presidentes ordenaron golpes de estado, entrenaron para la tortura y colaboraron en hacer desaparecer a los presuntos comunistas que encontraron por todo el mundo. Obama no es distinto.

Creíamos, al menos  yo lo creí, que Barack Obama estaba hecho de una manera distinta, de una pasta diferente. Ahora, ordenando la ejecución de Bin Laden, ha demostrado su verdadera naturaleza: ya no tiene sentido para él la vida contemplada desde la ética de los principios.

Y Zapatero, ¿qué decir de la evolución de nuestro presidente?

“¡No nos falles¡”, le gritaban los jóvenes, la noche de su elección”. Hacía poco más de un año y medio que se había quedado sentado al paso de la bandera norteamericana en un desfile militar, para protestar por la intervención en Irak. La razón podía ser justificable: la guerra de Irak era y es ilegal.

Ahora el presidente socialista amortizado acaba de adjurar de otro principio. Quien presumía de no haber ido a la cárcel de Guadalajara a despedir a Vera y Barrionuevo, él, que era diputado y estuvo callado cuando los asesinatos del GAL, aplaude ahora la ejecución sumaria de Bin Laden con la misma frialdad que ajusta la vida de los más humildes para cumplir con la Unión Europea.

La desafección es consecuencia del desgaste de los materiales con los que están hechos los políticos. Los ídolos de barro se van cayendo, pero los principios permanecen inalterables, aunque ellos no los respeten.

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4 mayo, 2011 - Posted by | EDITORIAL | ,

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