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Libia no es una fiesta de la democracia sino un nuevo dolor de cabeza para la OTAN

Libia no es una fiesta de la democracia sino un nuevo dolor de cabeza para la OTAN

Tema de actualidad: Sanciones internacionales contra el régimen de Gadafi

Libia no es una fiesta de la democracia sino un nuevo dolor de cabeza para la OTAN

Libia no es una fiesta de la democracia sino un nuevo dolor de cabeza para la OTAN

© REUTERS/ Esam Al-Fetori

10:05 27/10/2011
Dmitri Kósirev, RIA Novosti

La mayor parte de novedades que llegan de Libia describen las atrocidades cometidas por los insurgentes que llegaron al poder.

Además de la exhibición del cuerpo del dictador libio derrocado, Muamar Gadafi, en el frigorífico de un supermercado en la ciudad de Misrata, salieron a la luz pública otros detalles relacionados a la revolución en Libia.

Los representantes de la organización internacional de derechos humanos Human Rights Watch descubrieron cadáveres de 53 presuntos partidarios de Muamar Gadafi ejecutados la semana pasada en la ciudad de Sirte por los rebeldes de Misrata que hacen la vista gorda ante las ordenes del Consejo Nacional de Transición (CNT) de Bengasi.

Algunos de las víctimas tenían la manos atados detrás de la espalda cuando les asesinaron.

Entretanto, el presidente del CNT, Mustafá Abdel Jalil, declaró que de aquí en adelante Libia vivirá de acuerdo con las normas de la ley islámica.
Pero parece aún más interesante observar cómo reaccionan a estas noticias los gobiernos de los países que participaron en la operación de la OTAN.

Hoy en día, los medios noticiosos de estos países empiezan a manifestar menos entusiasmo respecto a la situación en Libia.

Islamistas de Bengasi

El público general interpreta los últimos acontecimientos que sucedieron en Libia a través del prisma del derrocamiento de un dictador por los revolucionarios. Recordemos cómo reaccionaron la semana pasada a la muerte de Gadafi la Unión Europea y EEUU.

La muerte de Muamar Gadafi marca el fin de una era de despotismo y represión durante la cual el pueblo libio sufrió mucho tiempo”, afirmaron los dirigentes europeos en un comunicado conjunto. Y el presidente estadounidense, Barack Obama, afirmó que la muerte del dictador libio pone fin a un capítulo largo y doloroso para Libia.

Pero los expertos siempre calificaron como complicada la situación en Libia y creen que hoy por hoy ya se ha agravado aún más.
Por ejemplo, el pasado 24 de octubre, ex ministro de Justicia durante el gobierno de Gadafi y actual presidente del CNT, Mustafá Abdel Jalil, declaró que Libia adoptará la Sharia y abolirá cualquier norma contraria a la ley islámica durante un acto celebrado por motivo del fin del régimen de Muamar Gadafi.

Durante los últimos meses, la revista Foreign Affairs, portavoz de la Comisión de Relaciones Exteriores de EEUU, publicó una serie de artículos sobre el factor islámico en Libia. Estos materiales hicieron recordar que Abdel Hakim Belhaj, el jefe militar del CNT, fue emir del Grupo Islámico Combatiente Libio establecido en Afganistán en la década de los 90.

Después de los atentados del 11-S, varios compañeros de Belhaj fueron encerrados en la cárcel de Guantánamo y otras prisiones ilegales para supuestos terroristas donde asimismo estuvieron muchas personas inocentes. Hoy en día, este asunto generó una polémica acalorada en EEUU.

Los resultados preliminares de las elecciones a la Asamblea Constituyente de Túnez, escenario de otra revolución en África del Norte, confirmaron una amplia victoria de los islamistas moderados.

Las revoluciones en el Oriente Próximo se convierten en una pesadilla para EEUU y la UE que decidieron poner al mal tiempo buena cara y expresar verbalmente su apoyo a los “luchadores contra las dictaduras”.

Pero tras la muerte de Muamar Gadafi, el llamado “perro loco de Oriente Próximo”, empieza un juego nuevo y por ahora es difícil pronosticar cómo será la reacción de los países que particiaparon en la operación de la OTAN en Libia.

A juzgar por todo, las declaraciones optimistas que se hacen para el público en las capitales europeas no tienen nada que ver con la realidad, porque la noticia sobre la implantación de la ley islámica en Libia es muy desagradable para los que ayudaron al CNT a tomar el poder.

Operación de la OTAN sienta un precedente

Los expertos analizaron minuciosamente las lecciones y consecuencias de la operación militar en Libia, pero no está claro qué acciones se debe emprender ahora.

 

© RIA Novosti.

Operación militar contra Libia

 

Ex embajador británico en Libia, Richard Dalton, opina que “el futuro de este país árabe es incierto, pero esto no quiere decir que deberíamos preguntarnos si tuvimos razón al hacer lo que hicimos”.

En otras palabras, todos los pasos fueron correctos. Además, Richard Dalton determina los principales criterios para la intervención de la OTAN en similares conflictos hipotéticos en el futuro. Se trata de la “legalidad, apoyo regional y posibilidad de lograr éxito”.

Asimismo existen otro artículos que comparan las guerras libradas por EEUU y la OTAN en Kosovo, Afganistán e Iraq.

Es difícil calificar estas operaciones como brillantes, por varias razones. Pero el problema principal no radica en la posibilidad de justificar la intervención extranjera sino en la necesidad de gastar enormes recursos y fuerzas, incluidas las militares, para reconstruir el país al término de la guerra.

Es evidente que estos gastos superan los gastos en las propias operaciones de combate.

Hoy en día, la OTAN busca la solución oportuna eligiendo entre la posibilidad de dejar a Libia en manos de los triunfantes, o sea el CNT y otros dos grupos de insurgentes, o de participar en el restablecimiento del país. Las perspectivas parecen negativas por ahora.

Los expertos de la anunciada Comisión de Relaciones Exteriores analizaron la situación en Libia tras la muerte de Muamar Gadafi y revelaron los principales problemas en el país.

Se trata de relaciones complicadas entre los ciudadanos de Trípoli, que creen que desempeñaron el papel principal en la guerra contra Gadafi, y numerosas unidades provenientes del desierto o provincias del país que afluyen a la capital libia.

Otro problema consiste en una amenazante combinación de tres factores, es decir, las fuerzas leales a Muamar Gadafi o su hijo, enormes reservas incontrolables de armas y la postura más activa de los islamistas radicales dentro del CNT.

No se debe forjarse ilusiones. La OTAN se verá obligado a involucrarse en varios procesos en Libia, concluyeron los expertos.

Libia después de Gadafi: un abismo de dudas

Fiodor Lukiánov

Fiodor Lukiánov

© RIA Novosti.

09:43 27/10/2011
Columna semanal por Fiodor Lukiánov

La OTAN está concluyendo su campaña libia, al anunciar una nueva victoria del bien sobre el mal y el triunfo de la libertad. Barack Obama declaró que desde ahora el pueblo libio tiene abierto el camino hacia la democracia.

El cuerpo desnudo y mutilado de Muamar Gadafi, que en vez de ser enterrado fue exhibido durante varios días en la sala refrigerada de un supermercado para divertir a la muchedumbre,  simboliza, por lo visto, el triunfo de la justicia. Así que la guerra de la alianza está justificada: sus valores vencieron en la tierra libia.

Y ahora tienen que cerrar la operación lo antes posible, para que la victoria gloriosa no sea eclipsada por lo que pasará luego. Y es que podemos prever qué pasará, partiendo de las experiencias de Irak, Afganistán y Somalia.
La muerte de Gadafi destruye el factor principal que unía la colecticia coalición libia, el odio hacia el dictador y el deseo de vengarse. Y ahora al primer plano pasan otras cuestiones de peso: las del poder y dinero.

Libia es un país complicado, compuesto por diferentes unidades territoriales y tribales.

Es cierto que la gobernación de Gadafi se basó en la violencia, pero no fue su único pilar.

El sistema de transacciones con los jefes tribales y de sobornos a los representantes locales más influyentes fue complementado por una redistribución, aunque modesta, de los ingresos petroleros entre la población,  lo que aseguró un nivel de vida más alto que en los países vecinos.

A propósito, las reformas liberales propuestas ya por los asesores occidentales seguramente no despertarán nada más que una irritación en la población, acostumbrada al paternalismo desde hace muchos años.

No está claro en qué medida lograrán las nuevas autoridades restablecer el sistema del equilibrio de intereses, o más bien, crearlo desde cero. La derrota de los gadafistas  y la eliminación de su líder no significan la toma de control sobre el país.

Es posible que los partidarios del viejo régimen se pongan a librar una guerrilla. Pero aún más posible es que ciertas regiones se declaren autónomas y se nieguen a obedecer a Trípoli  o empiecen a reclamar compensación de carácter material y político por su cooperación sin que se vislumbre un fin de este proceso.

Mucho depende de cómo tratarán las nuevas autoridades a los partidarios del viejo régimen, es decir si habrá purgas y ajustes de cuentas.

La experiencia iraquí no deja lugar a dudas: incluso los representantes estadounidenses reconocieron al fin que la disolución del partido Baas y la de las estructuras de los tiempos de Saddam Hussein sumergió el país en un caos profundo.

Hay que decir que el propio concepto de “autoridades nuevas” carece por ahora de sentido. Aunque en la segunda mitad del año el Consejo Nacional de Transición ya se asoció a algunos nombres concretos (es que al principio todo pareció demasiado enredado), todavía no  está claro cómo son sus relaciones.

Los personajes más conocidos son los que abandonaron el bando de Gadafi, por lo cual los que quieran (y los habrá sin duda alguna)  fácilmente podrán encontrar materiales comprometedores contra ellos. Todos temen que se activen los islamistas, y por algo, teniendo en cuenta que el coronel los reprimía violentamente. Ahora pensarán que ha llegado su tiempo.

La tendencia que se observa en Oriente Próximo en general ya es muy obvia y parece irreversible: el término de los regímenes laicos (Túnez,  Egipto, Libia y, posiblemente, a plazo mediano Yemen y Siria) y, por lo consiguiente, el afianzamiento del islamismo.

Otra cuestión de importancia es el papel del Occidente y la actitud hacia éste de la nueva Libia (supongamos que queda unida). Las compañías de gas y petróleo de Francia, Italia y Gran Bretaña, por no decir más, pretenden ser líderes: París fue el iniciador de la guerra, Roma cuenta con los contactos más antiguos y profundos en su ex colonia, y Londres prestó apoyo militar y político considerable.

Todavía está por decidir cómo van a repartir los trofeos, y es que el sentido práctico de la guerra, si hubo alguno, consistió precisamente en eso: en hacer una contribución a la seguridad energética de Europa y al florecimiento de sus compañías. Para otras regiones Libia no fue de tanto interés.

Las nuevas autoridades libias ya han declarado que al tomar decisiones económicas se guiarán, ante todo, por motivos políticos. En particular, Rusia, China, Brasil y Alemania, que no se pronunciaron por la intervención militar, no pueden esperar su benevolencia. Sin embargo, las empresas rusas pueden participar en proyectos libios a través de su cooperación con corporaciones occidentales, con las cuales están en buenas relaciones. Pero mucho dependerá de si las propias empresas de los países aliados lograrán evitar problemas.

Cualquier fallo a nivel de construcción del Estado afectará la estabilidad del negocio, pero ya no habrá un factor limitativo como las fuerzas de ocupación,  a diferencia del caso de Irak. Además, ya hay razones para suponer que incluso los actuales jefes del Consejo de Transición resultarán socios mucho menos flexibles de lo que esperan en Europa y EEUU.

La muerte de Gadafi marca el fin de una época entera. Pero al mismo tiempo, es posible que marque no el fin sino el inicio de una verdadera crisis libia.

FUENTE RIANOVOSTI

 

 

 

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29 octubre, 2011 - Posted by | libia | ,

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