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La cara oculta de las noticias

El fin de MUBARAK

egipto
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Un portavoz militar anunció anoche que el Ejército considera “legítimas” las reivindicaciones populares y que no reprimirá la revuelta.

Muy significativamente, la declaración fue ayer emitida por la televisión oficial de Egipto en vísperas de las manifestaciones masivas previstas para hoy en El Cairo y Alejandría en las que se espera que más de un millón de personas exijan en la calle la dimisión del presidente Hosni Mubarak .

El fin del faraón podría estar muy próximo. Con Internet inhabilitado desde hace cinco días, Facebook Twitter , las herramientas que sirvieron para convocar las primeras protestas, y el anuncio del ministro de información de que en las próximas horas cortarán las redes móviles, ha dejado paso a medios menos sofisticados.

Durante todo el día de ayer, los jóvenes recorrieron con megáfonos la plaza de la Libertad, el simbólico epicentro de la revolución, llamando a la gente a acudir hoy a la gran protesta cuando se cumple la primera semana de revuelta.

“Abajo Mubarak, todos contra Mubarak”, gritaba una muchacha a través del altavoz.

“Pueblo egipcio, únete a nosotros, no dejes que te callen”, se desgañitaba.

    Nacimiento: 04-05-1928   Lugar:  Kufr el-Musailaha
    Nacimiento:  1942
    Lugar:
    Egipto

    EGIPTOA FONDO

    CAPITAL: EL CAIRO. GOBIERNO: REPÚBLICA.

    Población: 81,713,52 (est. 2008)Los convocantes de la protesta seguían con su revolución sin ocuparse demasiado de lo que ocurría en los despachos, donde la clase política egipcia intentaba ponerse de acuerdo sobre cómo encarrilar una transición que depende de que elfaraón Hosni Mubarak abandone su trono .

“Son los jóvenes los que siguen liderando este movimiento”, explicaban algunos de los representantes del movimiento opositor Ghad, dirigido por Ayman Nour.

“Estamos unificándonos en un frente común”, decía un dirigente del grupo disidente Wafd.

“No es el momento de estar pendientes de quién liderará el cambio de Gobierno”, afirmaba Mohamed Waget, líder de los socialistas revolucionarios.

“Aún permanecen divididos y es necesario que primero se pongan de acuerdo entre ellos.

Nosotros lo único que queremos es ver al mayor número de gente en las calles”. Para lograrlo, señalaba que la línea telefónica fija y los móviles, que siguen dando problemas, han sido los transmisores principales.

Ante ello, Google anunciaba esta madrugada (hora española) que ha desarrollado una herramienta para que los ciudadanos puedan tuitear pese a la interrupción de las comunicaciones móviles e Internet.

La compañía, explica, ha puesto a disposición de los usuarios tres teléfonos internacionales en los que pueden dejar un mensaje de voz y el servicio instantáneamente tuitea el mensaje con el tema #egypt.

Los tres números para llamar son +16504194196 o +390662207294 y +9731699855.

El día comenzaba ayer con una convocatoria de huelga de transportes que dejaba sin acceso a la capital a quienes se acercan desde las poblaciones del valle del Nilo.

Tampoco daba mucha confianza a los manifestantes que permanecían al anochecer en los jardines de la plaza el regreso de la policía a las calles.

“Muchos de nosotros hemos decidido pasar aquí la noche, en previsión de que mañana intenten impedírnoslo”, aseguraba Mahmud que, con su padre y sus dos hermanos acarreaba mantas, comida y agua.

Tanto los políticos como la sociedad civil esperan repetir hoy el éxito de participación que las protestas han tenido desde que hace una semana estalló una revuelta que quiere llevarse por delante 30 años de dictadura.

“La marcha del millón”, explica Waget, “es nuestro objetivo”. “Queremos la derrota del sistema”, abundaba Jaled Abo Aeda, líder sindical independiente.

“Y para eso vamos a conseguir que todos estén en la calle”.

El descontento de la población, que empieza a sufrir los efectos del desabastecimiento, puede incidir en el resultado de la convocatoria.

No hay dinero en los cajeros automáticos y, previsiblemente, millones de funcionarios y jubilados no van a poder cobrar sus salarios y pensiones.

Tampoco ayuda el hecho de que comprar pan, la base de la alimentación del pueblo egipcio, empiece a resultar una complicada aventura.

A primera hora de la mañana de ayer, un anciano cargado con un enorme cesto de hogazas era abducido por una multitud que se llevaba las tortas de pan de veinte en veinte, sin escuchar las súplicas del vendedor para hacer un reparto más equitativo de la mercancía.

“Ya queda cada vez menos. Si no lo conseguimos este martes [por hoy] lo haremos el viernes.

Saldremos todos los días hasta que acabemos con el régimen de Hosni Mubarak”, concluye el socialista radical Waget.

El vicepresidente de Egipto, Omar Suleiman , afirmó ayer que Mubarak le ha pedido iniciar un diálogo con todos los partidos políticos sobre las demandas de los manifestantes que piden reformas constitucionales y legislativas.

Protestas “legítimas”

Desde el estallido del movimiento popular contra la dictadura, las esperanzas de los egipcios se depositaron en el Ejército.

Los militares son queridos por la gente y claramente cortejados por la incipiente plataforma política de oposición.

También constituyen, sin embargo, la columna vertebral del régimen: el presidente Mubarak es un hombre del Ejército, como lo fueron los dos anteriores presidentes, Nasser y Sadat, y como lo son el nuevo vicepresidente, Omar Suleimán, y el nuevo primer ministro, Ahmed Shafik.

Esa ambivalencia explica la extraña pasividad y la difícil neutralidad mantenida hasta ahora por la institución.

El Ejército egipcio es a la vez poderoso e impotente. En una situación de suspenso, como la que vive el país desde el colapso policial del viernes, los militares son percibidos como la fuerza capaz de decantar los acontecimientos a favor del régimen o a favor de la democratización.

Pero, por más que la población respete a los militares, resulta evidente que el fracaso de Mubarak es también su fracaso.

Cuesta imaginar un gesto de la cúpula militar contra Mubarak, el héroe de la guerra de 1973, si éste no decide por fin dejar el poder: el riesgo de división en el propio Ejército sería alto y una crisis interna entre los militares tendría efectos devastadores.

La señal emitida anoche fue la más clara hasta ahora. No incluía crítica alguna hacia Mubarak ni sugería la necesidad de que dimitiera.

Sin embargo, daba un espaldarazo a la protesta contra el presidente: “Vuestras fuerzas armadas, muy conscientes de la legitimidad de vuestras demandas, están dispuestas a asumir su responsabilidad respecto a la seguridad de la nación y sus ciudadanos y afirman que la libertad de expresión pacífica está garantizada para todos”. A continuación, se instaba a la población a evitar la violencia y los saqueos.

Si algún egipcio temía aún que participar en las marchas de hoy entrañara el riesgo de choques violentísimos como los registrados el viernes entre la policía y los manifestantes, pudo quedarse tranquilo. La declaración militar se interpretó como una invitación a salir a la calle para exigir el fin de Mubarak.

A nivel muy distinto, el comunicado coincidía en su espíritu con unas palabras pronunciadas por la mañana por el comandante de una unidad de blindados estacionada en el centro de El Cairo. El comandante comentó, a título personal, que los mandos militares eran “muy conscientes” de lo que ocurría.

“Como la mayoría de mis compañeros, he estudiado en una academia militar estadounidense y hablo inglés, veo televisión y leo prensa del extranjero, sé lo que el mundo espera de Egipto y de nosotros y tengo mis propias opiniones”, dijo.

Puede suponerse que ese comandante y el conjunto de los mandos, incluyendo la veterana cúpula, conocían sus limitaciones.

El profesor Ibrahim Awad, de la Universidad Americana de El Cairo, subrayó esas limitaciones: “Egipto es un país demasiado complejo como para que el Ejército desee hacerse con el poder”.

“Una de las razones del fracaso de Mubarak y su régimen es precisamente que se ha gobernado con un simplismo militar y eso ya no es viable”, dijo Awad.

La liberalización de la economía egipcia y su engranaje con la economía global ha creado riqueza, pero el corsé político y social de la dictadura ha hecho que esa riqueza quedara en manos de muy pocos y agravara las desigualdades y la corrupción.

La democratización, según Awad, solo sería posible “mediante un gran pacto civil al margen del Ejército”.

Desde que estalló el movimiento revolucionario, hace una semana, el Ejército ha jugado con dos barajas.

Se ha atenido a las reglas de un régimen que es el suyo, sus jefes han obedecido respetuosamente a Mubarak, ha ordenado toques de queda, ha protegido desde que desapareció la policía las sedes gubernamentales.

Y a la vez ha hecho guiños a la revuelta, se ha coordinado con los manifestantes (ayer los soldados trabajaban codo con codo con los organizadores de la protesta en la plaza de la Libertad), no ha hecho esfuerzo alguno por imponer el toque de queda y ha gozado con la devoción que demuestra la gente.

Ese equilibrismo no podía durar indefinidamente. Era muy difícil mantenerlo ante la jornada crucial de hoy.

Al garantizar los derechos de los manifestantes y calificar de “legítimas” sus reivindicaciones, es decir, la exigencia de la dimisión de Mubarak, el Ejército se puso en cierta forma del lado de los manifestantes.

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1 febrero, 2011 Posted by | 1.-ISLAM, INTERNACIONAL, NOTICIAS | , , , , | 1 comentario

¿Quiénes hacen la revolución?

¿Quiénes hacen la revolución?

Posted by Directorio de Noticias on enero 30, 2011 · Dejar un comentario (Editar)

Manifestantes-en-Egipto-arrancan-un-cartel-del-presidente-Hosni-Mubarak.expand

Ola de cambio en el mundo árabe

– Revolución democrática en Egipto

– Egipto se pone en manos de los militares

“No dispararemos contra el pueblo; si nos dan la orden, la desobedeceremos”, dice un oficial en El Cairo

– El vacío de poder ha degenerado en violencia y vandalismo

Son personas de todos los estamentos sociales, desde las clases más altas a las más bajas. Mujeres, niños, adolescentes, estudiantes de medicina o activistas de derechos humanos, camareros o farmacéuticos, también hay una gran mayoría de parados.

Se han echado a la calle para pedir que les devuelvan su país. No tienen un perfil determinado y el Gobierno no es capaz de encasillarles.

    Egipto           A FONDOBebé en un tanque durante una manifestación en El Cairo

    Capital:  El Cairo.  Gobierno: República.
    Población: 81,713,52 (est. 2008)

En las calles se ayudan sin tener en cuenta si son musulmanes o cristianos; se apoyan, se ofrecen agua o se invitan a comer. También se han limpiado las heridas o han corrido a buscar un médico cuando la policía ha disparado a uno o varios de ellos. Ahora se pintan unos a otros la cara con lemas contra el Gobierno y se amontonan, carteles en ristre, cantando y gritando contra la represión del régimen de Hosni Mubarak.

Han salido a la calle en todos los puntos del país y no piensan volver a sus casas hasta que aquello que anhelan: libertad, seguridad, bienestar, pan y democracia, logre instalarse desde Asuán hasta Alejandría, pasando por El Cairo.

Ellos nos cuentan sus historias, sus esperanzas y sus miedos.

– Yehi, 56 años, trabajador de un gimnasio. “Basta, basta y basta”.

Le cuesta decidirse pero al fin arranca a hablar mientras camina arriba y abajo por el pasillo del gimnasio donde trabaja, en un hotel de lujo del centro de El Cairo. “No creo que Mubarak sea un mal hombre. Hizo cosas bien.

Nos trajo la paz y acabaron los enfrentamientos con Israel”, explica nervioso sin dejar de moverse.

Aun le cuesta hablar, dice, son tantos años mordiéndose la lengua que la nueva situación de libertad en el limbo aún le supera.

“Lleva demasiados años en el poder y hace mucho que se ha olvidado de nosotros, que tenemos una precaria educación para nuestros hijos y vivimos sin la esperanza de poder prosperar”.

– Ramy, 24 años, activista por los derechos de la mujer árabe. Las gafas le caen sobre la nariz como a un intelectual y con su mochila a la espalda y su gorra parece un estudiante de la facultad de Letras, pero Ramy trabaja en la Liga de Mujeres Árabes, “más veces como voluntario que con contrato”, defendiendo los derechos de las féminas del país.

No le preocupa demasiado el dinero porque dice, aun no está pensando en casarse. Sin embargo, no le gustan muchas de las cosas que el régimen de Mubarak ha hecho durante estos 30 años.

Tanques del Ejército egipcio en El CairoMenciona la restricción de libertades: “La interrupción de Internet estos días es inconcebible en un país que no este gobernado por una dictadura”. Y la seguridad: “La tortura en las cárceles es sistemática. Bajo el Gobierno del rais no se respetan los derechos humanos”. Por eso cree que ha llegado el momento de que se vaya. “Nací en 1987 y no he visto otro presidente”, añade.

Mi familia es de una clase media que Mubarak ha hecho desaparecer. No es justo que nos mire desde lejos y no diga nada. No queremos ver la destrucción del país”.

– Hanna, 51 años, Ministerio de Información. Es una egipcia guapa. Vestida con clase, musulmana si hiyab (pañuelo islámico) y oculta tras unas gafas de sol.

Mientras hace fotos desde un coche que conduce su hija, una dentista de 25 años con la cabeza cubierta, explica que trabaja para el Ministerio de Información egipcio. No quiere dar muchos detalles sobre su vida, sólo que habla inglés y español y que no trabaja como periodista. “Durante años”, dice, “han pasado de largo las oportunidades de cambiar las cosas”.

“No veo futuro para mis hijos. Tengo dinero pero no tengo un lugar por donde pasear. Y hay más de 40 millones de personas en mi país que no tienen ni para comer”, apunta. “Ha llegado el fin y todos lo sentimos así”.

– Maha, 30 años, farmacéutica. “Cobro 600 libras al mes (80 euros) y no puedo llevar una vida digna”, explica Maha, una farmacéutica que milita en los Hermanos Musulmanes.

“No puedo ahorrar dinero, ni pagar una casa digna. Me gustaría casarme pero los jóvenes ahora no encontramos trabajo con facilidad y el tiempo se pasa esperando a ver qué sucede mientras la frustración crece”, lamenta. Maha asegura que aunque trabaja 10 horas en la farmacia a veces tiene que hacer horas en un laboratorio preparando inventarios para conseguir llegar a fin de mes.

“Y lo peor es que no podemos decidir. Durante las elecciones no nos dejaron ir a votar, detuvieron a nuestros candidatos, nos pegaron”, asegura. “Creo que no nos han dejado otra opción y que lo que ocurre es fruto de la represión que hemos vivido todo este tiempo. No hay derechos”, explica entrecortada. “Necesitamos libertad y eso sólo vamos a poder conseguirlo si el presidente se va de este país.

No nos sirve un nuevo Gobierno con él sobre la cabeza. Lo que hemos venido a exigir es que él y su estilo de gobernar salgan de nuestras vidas para siempre.

– Moussa, 42 años. En una solapa luce el escudo de los Estados Unidos y en la otra las banderas de Egipto y Francia entrelazadas.

El primero se lo puso por las palabras de Obama. “Las banderas las llevo porque queremos lo mismo que Francia: liberté, egalité, fraternité”, dice en un perfecto francés. Moussa es un cristiano de la escasa clase media que hay en Egipto. “Mubarak tiene 82 años, no puede mantenerse en pie, y no tiene poder para gobernar.

¿Y quiere dejarnos a su hijo? Cuando Gamal [Mubarak] se casó compró el anillo en Francia. Cuando tuvo un hijo se fue a Alemania a tenerlo. Eso es lo que hacen. Coger nuestro dinero y dejarnos en la estacada”, afirma. No dice en lo que trabaja quizás porque no se ajusta a lo que debería ser.

“Tengo dos masters, hablo seis idiomas y mi salario es de 220 euros. Mi madre tiene una pensión de 500 libras (65 euros) y su tratamiento médico cuesta 1.000. La familia de Mubarak tiene una riqueza que asciende a millones de dólares. No le pedimos nada. Sólo que nos deje vivir”.

“Es el día más feliz de mi vida”, gritaba un hombre encaramado a un tanque. El de ayer amaneció, sin duda, como un día feliz para millones de egipcios. La victoria de la revolución parecía al alcance de la mano. La multitud de la plaza Tahrir seguía exigiendo la dimisión del presidente Hosni Mubarak y el fin de la dictadura. Pero Mubarak no se iba. Al contrario, luchaba por su supervivencia política. Nombró un vicepresidente, Omar Suleimán, hasta ahora jefe de los servicios secretos y presunto hombre de transición, y un nuevo Gobierno. Mientras el desorden se extendía por un país sin policía y se acumulaban los muertos, decenas, tal vez un centenar, y menudeaban los saqueos, la felicidad de la mañana se combinaba al anochecer con la incertidumbre y el miedo al caos. El Ejército se mantiene mudo, pero los jefes de Estado de Reino Unido, Francia y Alemania piden a Mubarak que evite la violencia.

El único signo de normalidad fue el retorno de la telefonía móvil

El destino de Egipto dependía del Ejército, la única institución respetada. Y la imagen del Ejército que contemplaban los ciudadanos estaba compuesta por soldados que se abrazaban a los manifestantes, camiones militares en cuyo lateral alguien había pintado frases como “Mubarak, dictador” o “Mubarak y familia, ilegales”, blindados cargados de gente exultante. “En ningún caso dispararemos contra el pueblo; si nos dieran esa orden, la desobedeceríamos”, aseguraba, a las diez de la mañana, el comandante de las fuerzas desplegadas en la plaza Tahrir y sus alrededores.

En un proceso revolucionario abundante en contradicciones, esa era la más flagrante. ¿Podía el Ejército desobedecer las órdenes de su jefe supremo, Hosni Mubarak, presidente de la república y general de aviación? ¿Mantenía realmente Mubarak el control de la situación? ¿Intentaba solo ganar tiempo? ¿Era el descenso hacia el caos una táctica premeditada para que los egipcios pidieran la vuelta de la policía y el orden, aunque hubiera que soportar también la vuelta de la represión y la tortura? Ningún general se pronunció sobre la situación. Los tres presidentes egipcios (Nasser, Sadat, Mubarak) desde la caída de la monarquía, 60 años atrás, han salido del Ejército, lo cual da una idea de la influencia militar.

El vacío de poder, real o aparente, resultaba clamoroso. Tras su alocución televisiva del viernes por la noche, en la que advirtió de que la línea que separaba la libertad del caos era muy fina, Mubarak volvió al silencio de su palacio. Solo reapareció brevemente en televisión para mostrarse nombrando a Omar Suleimán como vicepresidente, una novedad en un régimen en el que durante 30 años solo había existido el faraón Mubarak y, por debajo de él, súbditos. Suleimán se perfilaba como el hombre de recambio, el hombre encargado de pilotar una hipotética transición. A algunos ciudadanos les parecía bien, aunque se hubiera encargado de los servicios secretos y, en último extremo, de la represión. El odio popular se concentraba en Mubarak, el Ministerio del Interior y la policía.

En la calle no existía otro poder que el de la multitud revolucionaria, que gritaba y gritaba y gritaba contra Mubarak, y el de los grupos, crecientes, que aprovechaban el vacío para incendiar y saquear. El viernes, los asaltos se dirigieron a la sede del Partido Nacional Democrático y las comisarías de policía, donde los manifestantes liberaron a los detenidos y prendieron fuego. Esa noche, algunos grupos violentos se dirigieron hacia el Museo Egipcio (que sufrió daños, pero no fue saqueado gracias a la reacción de otros ciudadanos) y hacia centenares de comercios y negocios. Bares y clubes nocturnos quedaron arrasados, acaso por grupos de orientación islamista. En general, los robos afectaron a negocios comunes: zapaterías, restaurantes, joyerías, farmacias. Lo mismo ocurrió en Alejandría y otras ciudades.

El único signo de normalidad fue el retorno de la telefonía móvil, las líneas, sobrecargadas, solo funcionaban a veces, pero funcionaban. Internet, en cambio, permaneció cerrado.

La euforia y la tragedia solo se distanciaban unos metros. En la plaza Tahrir se gritaba, se reía, se compadreaba con los soldados; hombres, mujeres y niños disfrutaban del momento. En esa misma plaza se registraban ocasionales disparos de francotiradores desde el Ministerio del Interior. Y en el patio de una mezquita que casi se asomaba a la plaza se acumulaban los heridos, varios de ellos de balas. La plaza Tahrir era un microcosmos de una ciudad de 20 millones de habitantes y de un país de 80 millones de habitantes, balanceándose entre la sensación de libertad y el horror del caos, entre la esperanza y el temor, zarandeados por los rumores más diversos.

Era imposible conocer el número de muertos y heridos. La televisión oficial habló de unos 40 muertos y de más de un millar de heridos. Fuentes médicas elevaban la cifra hasta el centenar de fallecidos. Ante la ausencia de Gobierno (el antiguo había sido destituido, el nuevo aún no se había incorporado y, de todas formas, a nadie le importaba), ningún organismo ni institución oficial llevaba recuentos ni ofrecía datos.

“Da igual el precio que haya que pagar porque ya nos han golpeado mucho y han muerto muchos, no abandonaremos la calle hasta que Mubarak se vaya, no es posible dar marcha atrás”, aseguraban dos hombres de mediana edad, farmacéutico uno, ingeniero el otro. ¿Daba igual el precio? Horas después, al anochecer y al comenzar un nuevo toque de queda que, como el del viernes, nadie se preocupó por respetar, afloraban síntomas de que el precio, al final, sí podía ser importante.

La muchedumbre empezaba a degenerar en horas. Jóvenes que el día antes se habían enfrentado con la policía se adueñaban de la situación, provistos de palos, navajas y armas de fuego. Según la televisión Al Yazira, podían ser provocadores relacionados con las fuerzas de seguridad. Surgían grupos más o menos armados que decían estar dispuestos a defender sus familias y sus propiedades ante la amenaza de los otros grupos más o menos armados que se dedicaban al saqueo. Un 20% de la población egipcia vive con dos dólares al día. Eso da una idea de que el robo impune puede resultar tentador para muchos.

El desenlace de la revolución todavía era impredecible. ¿Ahora, qué? Esa era la gran pregunta sin respuesta. La de ayer fue una jornada peculiar, porque los sábados son semifestivos: el sector público trabaja, pero no el privado. Los funcionarios se quedaron en casa o en la calle. “Nos ha llamado el director y nos ha dicho que no fuéramos”, explicó un maestro que tomaba té y fumaba una pipa de agua en uno de los raros cafés abiertos. El domingo, sin embargo, es laborable. La televisión oficial anunció que la Bolsa, que no dejó de caer en los últimos días, los bancos y las universidades permanecerían hoy cerrados.

La paralización del país por un tiempo indefinido entrañaba una cierta ambivalencia: podía favorecer el ímpetu revolucionario y quebrar por completo la aparentemente frágil conexión de Mubarak con el poder real, pero también podía agravar el desorden y el miedo de las clases altas y medias y favorecer una contrarrevolución aún más rápida que la revolución misma.

Una cosa aparecía clara: a Mubarak no le habían abandonado sus aliados. EE UU, primero. El presidente Barak Obama reclamó reformas, no la caída del régimen, y fue significativo que Mubarak nombrara a Suleimán como vicepresidente tras conferenciar por teléfono con el inquilino de la Casa Blanca. Israel no dijo nada, pero no cabía dudar de que seguía prefiriendo a Mubarak (o a Suleimán) antes que cualquier otra opción. El presidente palestino, Mahmud Abbas, envió un mensaje de respaldo a “la estabilidad y el orden en Egipto”.

Suleimán, el nuevo hombre fuerte

– Nacido el 2 de julio de 1936 en Quena (sureste de Egipto), se enroló en el Ejército en 1954. Recibió entrenamiento adicional en la Academia rusa de Frunze, en Moscú.

– Participó en la guerra de Yemen en 1962 y en los conflictos contra Israel de 1967 (guerra de los Seis Días) y 1973 (guerra del Yom Kippur).

– Tras estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de El Cairo, se convirtió en 1993 en director de los Servicios de Inteligencia (EGIS, en sus siglas en inglés).

– Este puesto le ha permitido jugar un papel fundamental en las relaciones diplomáticas de la región, incluyendo las negociaciones con Israel y con su principal aliado, Estados Unidos.

– Según la revista Foreign Policy, es el jefe de inteligencia más poderoso de Oriente Próximo, incluso por delante del máximo mando del Mosad israelí.

– Ha sido el arquitecto de la desintegración de los grupos islamistas que lideraron el alzamiento contra el Estado en los noventa. Es responsable de los archivos de política de seguridad.

30 enero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, EDITORIAL, INTERNACIONAL, INTERNACIONAL, NOTICIAS, revueltas islam | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La Gran Burguesía Occidental detrás de Wikileaks, Anonymous y las seudo-revoluciones en el Magreb y Medio Oriente

BITÁCORA BLOG

Sunday 30 january 2011
La Gran Burguesía Occidental detrás de Wikileaks, Anonymous y las seudo-revoluciones en el Magreb y Medio Oriente
Siempre serán bienvenido los levantamientos populares de las clases oprimidas frente a las minorías de las clases opresoras, pero no nos engañemos. Aquí no hay ninguna “revolución”.
Níkolas Stolpkin | Para Kaos en la Red | 29-1-2011 a las 15:32 | 414 lecturas | 9 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/gran-burguesia-occidental-detras-wikileaks-anonymous-seudo-revolucione

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Si hay algo que debiéramos aprender es ha desconfiar cuando las sinfonías propagandísticas de la Gran Burguesía Occidental dan a conocer sus rimbombantes acordes al unísono. Sabemos bien al servicio de quién están los Grandes Medios de Difusión Masiva. No están de ningún modo para defender los intereses de las clases oprimidas. Aunque se vistan de monjas inofensivas hay que tener en claro una cosa: siempre serán enemigos del pueblo.

Por tanto, lo acontecido con Wikileaks y toda la atmósfera que se ha desplegado en torno a los famositos “cables” con la ayuda “desinteresada” de medios como El País (España), The Guardian (Inglaterra), Le Monde (Francia), Der Spiegel (Alemania) y The New York Times (EEUU), medios de la Gran Burguesía Occidental, merecen nuestra absoluta desconfianza.

Es muy lamentable que estos famosos “cables” hayan seducido fácilmente y penetrado profundamente los círculos críticos del sistema capitalista y a su vez debilitado el espectro político de la izquierda, ignorando la funcionalidad que se le habría de dar a los mismos.

Conforme pasan los actuales acontecimientos que se están desarrollando en el Magreb y el Medio Oriente poco a poco nos damos cuenta de las verdaderas funciones para la cual fue diseñada Wikileaks. De ser un simple portal de denuncias a pasado a ser una especie de oráculo para el beneficio de la Gran Burguesía Occidental, liderados por el imperialismo norteamericano. (Ahora último una prueba de ello:liberar información el mismo día que las protestas en Egipto habían alcanzado su cenit.)

El que haya aún muchos simpatizantes de Wikileaks obedece más que nada a cierta gratitud por haber denunciado ciertos hechos que en su momento muchos agradecieron (por haber hecho público ciertos acontecimientos de impacto). No obstante hoy podríamos asegurar que todo debió haberse debido a una estrategia de encantamiento, surgida el 2006-2007, para llegado el momento oportuno lanzar y dar validez a una serie de información que sólo habría de beneficiar a la Gran Burguesía Occidental y dejar mal parados a los que entorpecen su camino.

Hoy estamos viendo expectantes quienes están entorpeciendo ese camino (Túnez, Yemen, Egipto, etc.) . Con la ayuda ingenua de los pueblos oprimidos, la Gran Burguesía Occidental busca afianzar su dominio dentro de una zona de suma importancia geoestratégica. Los Medios de Difusión Masiva le llaman a todo esto: la “Revolución del Jazmín”. (Dicho nombrecito ¿no nos hace recordar a la “Revolución Rosa” de Georgia (2003) o la “Revolución Naranja” de Ucrania (2004-2005), made in USA?)

Siempre serán bienvenido los levantamientos populares de las clases oprimidas frente a las minorías de las clases opresoras, pero no nos engañemos. Aquí no hay ninguna “revolución”. Los levantamientos populares que estamos presenciando no son movimientos políticos sino movimientos sociales que luchan por ciertos intereses inmediatos. Una revolución sin una dirección política nunca será una revolución.

Es así como vemos que el descontento popular se está enfocando en una serie de particularidades que afectan de una u otra forma a los pueblos, pero de ninguna forma están dirigidos al sistema económico imperante el cual, al fin y al cabo, es el que determina todo lo demás. El enfoque del descontento popular apunta principalmente a los gobiernos y sus gobernantes y a problemas domésticos como la carestía de los alimentos, la corrupción, la falta de oportunidades, la continuidad de los gobernantes, etc. Y al poseer dicho carácter, podríamos suponer que la manipulación está jugando un papel importante en todo esto, aprovechando la psicología de masas. Y lo más probable, aprovechando dicha situación, que infiltrados afines a los intereses de EEUU estén azuzando al pueblo o disparando al pueblo para provocarlos, tal como ya ha pasado en otros escenarios: Venezuela (2002). ¿Quién nos podría explicar esa terquedad del pueblo por ver fuera a sus gobernantes sin portar ninguna herramienta política o dirección política? ¿Es todo tan “espontáneo” como nos lo grafica los Grandes Medios de Difusión Masiva? Por tanto no sería de extrañar que órganos como la CIA o el Mossad, detrás de vestimentas físicas como infiltrados o cibernéticas como Wikileaks o lo que se ha denominado Anonymous, estuvieran detrás de todas estas revueltas. Los problemas del pueblo no se resuelven con cambios de gobernantes ni con maquillajes políticos (sin duda que esto es lo que habrá de pasar).

Wikileaks se ha erigido como el oráculo de la “verdad cruda” y Anonymous como su “brazo armado”, supuestamente en “beneficio” de las clases oprimidas y en contra de los regímenes corruptos respectivamente. ¿Superhéroes del siglo XXI? Por favor… México, Honduras, Colombia, Perú ¿son sólidas “DEMOCRACIAS”?

La Gran Burguesía Occidental junto a sus herramientas hermafroditas (Wikileaks, Anonymous más los Grandes Medios de Difusión Masiva) no apuntan sus dardos hacia países significativamente afines a sus intereses, donde los problemas sociales pueden ser aún peores ni ha países donde existen grandes movimientos populares con carácter político. Saben muy bien que el tiro les podría salir por la culata. Los primeros podrían terminar de resquebrajar los pilares del Capitalismo y los segundos podrían entregar la alternativa al Capitalismo. ¿Por qué no revuelven el gallinero en países como España, Grecia, Brasil, Colombia, Perú, Pakistán o India? En dichos países no existe desigualdad, corrupción, altas cifras de desempleo, miseria, falta de oportunidades, etc., ¿verdad?

¿Porqué “NUESTROS” superhéroes no revuelven el propio gallinero de los EEUU? Ah verdad, en EEUU está la más sólida “DEMOCRACIA” que incluso se dan el lujo de exportarla de la manera más pacifista que hay (un presidente Premio Nóbel de la Paz no es para menos ¿o sí?), no existe la desigualdad ni la miseria, y se vive el “SUEÑO AMERICANO”.

http://stolpkin.net/
Por noticias-alternativas – Publicado en: ARTÍCULOS – Comunidad: POLITICA Y PSICOLOGIA
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30 enero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, DENUNCIA, KAOS EN LA RED, NOTICIAS ALTERNATIVAS | , , , , , , | Deja un comentario