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España busca el aval árabe y africano para una intervención militar en Libia

España busca el aval árabe y africano para una intervención militar en Libia

El Gobierno cree que una operación solo occidental podría ser contraproducente

MIGUEL GONZÁLEZ – MADRID – 07/03/2011

Ambos intervendrán el próximo viernes en Bruselas en la cumbre extraordinaria en la que la UE debe pronunciarse ante el drama de Libia, que se hunde en el abismo de la guerra civil a pocas millas de las costas europeas.

Un día antes, los ministros de Defensa de la OTAN analizarán un amplio menú de planes militares entre los que podrán elegir uno. O tal vez, no elijan ninguno.

  • El presidente discute con Cameron cómo frenar los crímenes de Gadafi

De todos los líderes europeos, Cameron es quien con mayor contundencia se ha pronunciado en favor de una intervención militar que impida a Gadafi proseguir la carnicería.

Según fuentes diplomáticas, un buque de guerra británico se dirige ya hacia el Mediterráneo central para unirse a la flota estadounidense y realizar una exhibición de fuerza ante Gadafi.

Es poco probable, sin embargo, que la mera contemplación del músculo sea suficiente para disuadirle, si él no cree que hay voluntad política de usarlo.

Zapatero, según fuentes gubernamentales, apoya una intervención militar y está dispuesto a que España participe en la misma.

Pero cree que, jurídicamente, es imprescindible una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que la legitime; y, políticamente, debe contar con el aval de la Liga Árabe o la Unión Africana.

“Una intervención exclusivamente americana o europea podría resultar contraproducente.

Gadafi tendría muy fácil agitar los fantasmas del colonialismo y hacer creer que Occidente quiere robarle el petróleo”, sostienen en La Moncloa.

Por eso, la opción preferida es que el protagonismo corresponda a países árabes o africanos, aunque con apoyo europeo, como en Darfur (Sudán).

Si no es técnicamente posible -pues no todos los países disponen de medios para imponer una zona de exclusión aérea; es decir, para impedir que Gadafi utilice sus aviones y helicópteros contra los rebeldes- bastaría con un llamamiento de la Liga Árabe o la Unión Africana (UA).

Pero aún esto es muy problemático.

Aunque la Liga Árabe ha suspendido a Libia y su secretario general, Amr Musa, ha sugerido que su organización podría aplicar una zona de exclusión aérea en cooperación con la Unión Africana, la mayoría de los países árabes son alérgicos a cualquier intervención militar.

Y tampoco parece que derrocar a un dictador entusiasme a la UA, cuyo presidente de turno es el ecuatoguineano Teodoro Obiang.

Fuentes diplomáticas reconocen que la comunidad internacional está divida. En la UE, la audacia de Cameron contrasta con la resistencia de Nicolas Sarkozy y la cautela de Angela Merkel.

En la OTAN, también se opone a la opción militar el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Zapatero estuvo a punto de hacer escala en Ankara, a su regreso del golfo Pérsico, para entrevistarse con él, pero no fue posible y ya se busca fecha para una cita.

El presidente español no quiere desaprovechar su sintonía con Erdogan, copadrino de la Alianza de Civilizaciones, cuando es un referente el islamismo moderado turco.

Ni siquiera el Ejecutivo español ha hablado con una sola voz.

Las ministras de Defensa, Carme Chacón, y de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, han realizado declaraciones disonantes.

Mientras la primera dijo el pasado jueves que España desea que la ONU apruebe “de forma rápida cualquier intervención que, con fines claramente humanitarios, pudiera llevarse a cabo ahora mismo”, la segunda subrayó ese mismo día que la comunidad internacional ha respondido “con mucha contundencia” y cualquier nueva medida debería estudiarse “detenidamente”.

Zapatero se limitó en Túnez a remitirse al Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba alentó el viernes las supuestas discrepancias al responder que la posición española había sido explicada por Zapatero y Jiménez, obviando a Chacón.

Al margen de la zona de exclusión aérea, los planes en preparación van desde el bloqueo naval de Libia -para hacer cumplir el embargo de armas y evitar el tránsito de terroristas-, hasta una operación civil europea de apoyo a los refugiados en las fronteras de Egipto y Túnez.

Mientras no se entre en territorio libio ni siquiera haría falta el permiso de la ONU.

Si la OTAN sitúa su flota frente a Libia, como sugirió Chacón, una fragata o un petrolero españoles formarán parte de la misma. Y si despliega sus aviones AWACS de vigilancia, también llevarán tripulantes españoles.

Zapatero apoya las reformas sin castigar a los autócratas

M. G. – Madrid – 07/03/2011

  • “España no tiene apenas intereses económicos en este país, así que puedo hablaros con toda libertad”, les dijo Zapatero a los representantes de la sociedad civil tunecina el pasado miércoles.

La frase también vale a la inversa: España tiene fuertes intereses en Catar y Emiratos Árabes Unidos -dos monarquías petroleras en las que Zapatero cosechó la pasada semana miles de millones en contratos e inversiones-, así que no puede expresarse libremente.

  • El contraste entre la visita a Túnez y la gira por el golfo Pérsico parece una muestra de cinismo político.

Fuentes de La Moncloa lo niegan de plano. La visita a Catar y Emiratos estaba planeada desde hace meses, mientras que la de Túnez se improvisó en apoyo a la frágil transición. “Es verdad que no hay ninguna democracia en el Golfo, pero no todos los regímenes son iguales.

En Catar o Emiratos se respetan los derechos humanos y el primero alberga un medio de comunicación perfectamente homologable a los occidentales, como Al Jazeera”, alegan.

Catar o Emiratos no son tan represivos como Arabia Saudí, pero con esta última aprobó el pasado viernes el Consejo de Ministros un acuerdo de cooperación policial. La amenaza de Al Qaeda o la lucha contra la inmigración ilegal sirven aún de excusa para colaborar con regímenes autocráticos.

Reorientar los fondos

La ola de revueltas en el mundo árabe está obligando a la diplomacia española, y a la europea, a revisar sus relaciones con esa región.

El viaje de Zapatero a Túnez es un primer paso. “Se trata de respaldar las reformas con apoyo político, técnico y económico”.

España ha prometido créditos por 300 millones, en tres años, pero se trata de comprometer al conjunto de la UE.

“Los fondos europeos deben reorientarse para que sirvan a la construcción del Estado de derecho, con programas de fortalecimiento de las instituciones”, explican las mismas fuentes.

Hay que concluir cuanto antes el acuerdo de asociación privilegiada de la UE con Túnez y ampliar los créditos del Banco Europeo de Inversiones (BID), que prevé dedicar hasta 6.000 millones a la región de aquí a 2013.

España no suscribe, sin embargo, la idea de David Cameron de condicionar la concesión de fondos europeos a la aprobación de reformas.

Y a la verificación de su cumplimiento. “Debemos premiar a quienes emprendan reformas, pero no castigar a quienes no las hagan. Lo contrario sería una injerencia”, sostienen las fuentes consultadas.

Las diplomacias de Londres y París respaldan el liderazgo rebelde

Varios diplomáticos británicos, desplazados hasta Bengasi junto a agentes especiales, fueron detenidos el viernes por rebeldes libios.- Este domingo, la delegación dejó el país tras ser puestos en libertad

W. OPPENHEIMER / A. JIMÉNEZ BARCA – Londres / París – 06/03/2011

Londres y París coincidieron ayer en sus intentos por reforzar por vía diplomática a la oposición de Libia, aunque con métodos muy distintos.

Francia optó por un sistema tradicional: emitir un comunicado dando la bienvenida a la creación del Consejo Nacional Libio, que agrupa a la oposición a Gadafi en el este del país.

El Gobierno británico decidió enviar a Bengasi a una delegación diplomática de bajo nivel para contactar con la oposición.

El problema es que viajaban escoltados por un comando armado de las fuerzas especiales (SAS) yfueron detenidos el viernes.La delegación dejó hoy el país tras ser puestos en libertad.

  • Los movimientos de la diplomacia francesa suponen un intento de París por recuperar la iniciativa en la región después de su criticada pasividad en el levantamiento popular de Túnez, que acabó con el presidente Ben Ali y se convirtió en catapulta de las revueltas primero en Egipto, luego en Bahréin y después en Libia.

“Francia saluda la creación del Consejo Nacional Libio y ofrece su apoyo a los principios que lo animan y a los objetivos que se ha fijado”, reza el texto del Quay d’Orsay. París se felicita también de “la voluntad de unidad que ha presidido la instauración del Consejo Nacional y anima a sus responsables y a los movimientos que lo componen a perseguir sus acciones en ese espíritu”, añade el texto, que condena el uso de la fuerza contra civiles y pide un acuerdo político que permita el cese de la violencia y el establecimiento de un Gobierno democrático “que responda a las aspiraciones del pueblo libio”.

El Consejo Nacional libio puso en marcha el sábado un comité de crisis para acelerar la toma de decisiones, encabezado por el intelectual Mahmud Jebril. Omar Hariri, que participó en el golpe que llevó al poder a Gadafi y luego fue encarcelado, es responsable de las cuestiones militares. Ali Essaui, que el mes pasado dimitió como embajador de Libia en India, es el encargado de relaciones exteriores.

El paso francés es exactamente el tipo de apoyo que los rebeldes esperan de los países que desean la caída de Gadafi. La estrategia británica, en cambio, por buenas que puedan ser sus intenciones, es rechazada porque la presencia de soldados extranjeros en territorio libio puede ser utilizada por la propaganda de Gadafi contra los rebeldes.

Según el diario The Sunday Times, una unidad de las SAS compuesta por ocho hombres armados y el diplomático al que protegían fueron detenidos en territorio rebelde cerca de Bengasi. Iban armados pero vestían ropas de civil. Según el diario, intentaban contactar con la oposición para preparar el viaje de un diplomático de más alto nivel.

Según un enviado especial de la BBC en Bengasi, testigos del incidente afirman que el comando llegó el viernes por la noche en helicóptero y que seis hombres vestidos con monos de color negro descendieron del aparato y se encontraron con otros dos hombres. Al descubrirse que en sus bolsas llevaban armas, municiones, explosivos, mapas y pasaportes de al menos cuatro diferentes nacionalidades, los ocho fueron detenidos y llevados a un cuartel militar en Bengasi controlado por los rebeldes.

Ni el ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, ni su colega de Defensa, Liam Fox, quisieron confirmar o desmentir si habían sido detenidos soldados británicos con el argumento de que nunca comentan cuestiones relacionadas con las fuerzas especiales. Hague se ha limitado de que el equipo británico había logrado salir de Libia tras “experimentar algunas dificultades”, y que Londres planea, “de acuerdo con la oposición libia” enviar otros representantes para fortalecer el diálogo.

La presencia de fuerzas extranjeras en Libia es especialmente delicada porque incluso los opositores a Gadafi se oponen a su presencia. Los rebeldes quieren que las potencias occidentales les ayuden mediante la presión diplomática, la entrega de armas y la creación de un bloqueo aéreo y de telecomunicaciones que dificulte posibles ataques de las fuerzas leales al líder libio.

La detención del comando coincide con las noticias de que los Black Watch, un batallón del Regimiento Real de Escocia, está en estado de alerta permanente en una base de la RAF en Wiltshire para poder desplazarse a Libia en 24 horas si es necesario, aunque el ministro de Defensa ha negado que haya planes para un despliegue militar. Al igual que otros países, Londres ha utilizado sus soldados para repatriar a compatriotas atrapados en Libia. Un grupo de las fuerzas especiales holandesas ha sido aparentemente capturado por tropas de Gafadi en una operación de ese estilo.

Por otra parte, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, en visita oficial en El Cairo, aseguró ayer que, si los combates en Libia se vuelven aún más sangrientos “habrá que prepararse para reaccionar”. Y añadió: “Por eso hemos aceptado la programación de una zona de exclusión aérea en Libia”. Juppé, descartó, eso sí, una intervención militar terrestre de Occidente: “Tendría efectos negativos. Podría acarrear rechazo en la opinión pública y los pueblos árabes”.

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7 marzo, 2011 Posted by | libia | | Deja un comentario