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La cara oculta de las noticias

Por primera vez los jóvenes creen que su vida será peor que la de sus padres

Por primera vez los jóvenes creen que su vida será peor que la de sus padres

La percepción del futuro está claramente marcada por la crisis actual | El 54% dice no tener proyecto alguno por el que sentirse ilusionado

Vida | 22/02/2011 – 01:33h

  • Los jóvenes españoles, que forman parte de la generación más preparada de todos los tiempos, la primera que vive en un mundo (al menos, el europeo) en el que impera la democracia, y la primera que ha vivido de manera mayoritaria en la abundancia es también la primera que asume que sus condiciones de vida futuras no serán mejores que la de sus progenitores.
  • Algo sorprendente si se presupone que uno de los principales motores del desarrollo social es precisamente el esfuerzo de las generaciones por superar a sus predecesores.
  • Pese a ello, se muestran mayoritariamente de acuerdo en que las condiciones de vida han mejorado.
  • Al menos esto es lo que se desprende de los últimos trabajos realizados por sociólogos y antropólogos sociales, confirmadas por encuestas sobre perspectivas de futuro de la también llamada generación internet.

Gran parte de este convencimiento tiene sus raíces en las cifras del paro, que golpean duramente a la población juvenil desde hace años y que, en los últimos tiempos, se han convertido en una losa para los jóvenes españoles.

Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en el último trimestre del 2010, la tasa de paro afectaba ya a casi el 33% de los jóvenes, porcentaje que esconde un desempleo aún mayor ya que la EPA evalúa la población de entre 16 y 29 años y, en la primera franja, una buena parte aún está estudiando.

Esta realidad –el azote del desempleo– condiciona el discurso de la población juvenil y su percepción del futuro, señala Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), entidad con una amplia trayectoria de investigaciones sobre la juventud.

Sin embargo, Megías cree que, al margen de la situación económica, la valoración de que su futuro será peor que el de sus padres va más allá de lo económico: los jóvenes creen que el bienestar y la calidad de vida, asociada a conceptos como el disfrute del tiempo libre, la salud, el mantenimiento de relaciones saludables, empeorarán “porque las necesidades económicas se harán más exigentes”.

Es imposible, según los estudios de la FAD, separar de la percepción de los jóvenes el contexto de crisis en el que está sumido gran parte del mundo. Pero, sea como fuere, el mensaje de que el futuro será peor ha calado y se proyecta más allá del fin de este ciclo económico bajista. Así, casi la mitad de los jóvenes españoles declara su falta de confianza en un futuro prometedor y más de uno de cada tres considera que “por muchos esfuerzos que uno haga en la vida nunca se consigue lo que se desea”, según el sociólogo Juan María González-Anleo en la investigación Jóvenes Españoles 2010 (Fundación SM). En esta línea, más del 62% de la población juvenil se declara de acuerdo con la frase “la crisis económica actual tendrá un impacto muy negativo en mi futuro profesional y personal”.

El grupo de sociólogos que trabajó en este informe cruzó los datos obtenidos de sus encuestas (más de 3.000 cuestionarios) con los del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y del Eurobarómetro.

De este trabajo se vislumbra que los jóvenes españoles de hoy se sienten más derrotados por las circunstancias que rebeldes, algo que para muchos expertos es símbolo de conformismo (una encuesta de Metroscopia señala que el 54% de los jóvenes dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente ilusionado).

Sin embargo, otros creen que es pronto para hablar de conformismo, pues esta generación está estableciendo nuevas maneras de estar en la sociedad, interrelacionarse e incluso de establecer sus nuevas prioridades vitales, que no tienen por qué coincidir con las de sus mayores.

El futuro se vislumbra con muchas sombras, todo a causa del desempleo y, lo que a veces es peor, los trabajos precarios, con bajos salarios y escasas garantías de seguridad.

El riesgo de que esta situación se prolongue es la exclusión social, según revelan los trabajos del Grupo de Estudios sobre Tendencias Sociales (GETS) de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, máxime cuando la falta de trabajo o el trabajo precario son la principal puerta para quedarse al margen de un sistema social basado en la producción.

El trabajo constituye el eje central donde gira parte de la vida social de un país, “es el punto clave para la paz social, la integración personal y social del ciudadano y para la evolución de un pueblo”, señala el sociólogo Manuel Marín Sánchez.

En este contexto, el catedrático de Sociología José Félix Tezanos advierte de que, si el grupo de excluidos se ampliara y llegara a alcanzar a una parte de los que ahora están integrados en la sociedad, el riesgo de conflicto y de tensiones crecería de manera exponencial, como han puesto de manifiesto las protestas de los ciudadanos, sobre todo, los jóvenes, de países árabes.

Sin embargo, la posibilidad de conflicto parece remota en España, sobre todo porque las familias siguen ejerciendo el papel de apoyo. Y porque, quizá, los jóvenes están sopesando otro mundo distinto al heredado.

¿Se romperá la cuerda?

La crisis pone a prueba la capacidad de las familias para tratar de compensar las dificultades de los jóvenes

Vida | 22/02/2011 – 01:38h

Como en otros países del sur de Europa, en España la permanencia de los hijos –veinteañeros y treintañeros– en el hogar paterno ha servido de mecanismo de ayuda intergeneracional, de apoyo tanto económico como de cuidados.

La crisis no ha hecho más que reforzar este modelo, que trata de compensar las dificultades para tener un trabajo estable, las carencias del mercado inmobiliario, la ausencia de políticas públicas destinadas al colectivo juvenil y, al tiempo, se beneficia de una mayor permisividad en las reglas de convivencia entre padres e hijos.

La difícil coyuntura económica aprieta todavía más las clavijas del sistema y pone en duda el margen de resistencia que queda para una considerable parte de las familias, que siguen dando amparo a unos vástagos que en teoría podían haber iniciado la vida por su cuenta hace años.

La precariedad laboral y el paro, que tan duramente está afectando a los jóvenes, se han convertido en una barrera cada vez más alta para abandonar el nido familiar.

Y un motivo más que fundado para que parte de los que se habían aventurado a vivir por su cuenta hayan tenido que regresar a casa de los padres. “Los jóvenes se han resistido más allá de lo previsible a retornar a casa.

El regreso se está produciendo desde hace más de un año y quienes están volviendo son fundamentalmente los chicos”, explicó a finales del 2010 el director del Observatorio de la Juventud, Julio Camacho.

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) indican que entre los jóvenes de 16 a 29 años la tasa de emancipación fue del 26,9% –es decir, más de siete de cada diez siguen viviendo con su familia–.

En el tercer trimestre del 2008, después de una subida sostenida de varios años, la tasa de emancipación había llegado a rozar el 30%.

Aunque no sólo se trata de una cuestión coyuntural. Autores como el sociólogo José Félix Tezanos insiste desde hace tiempo en que la institución familiar empieza a estar “sobrepresionada por las exigencias de cumplimiento de nuevas tareas compensatorias”.

Tezanos resalta además el peso de la edad cronológica: el retraso continuado de los sucesos que marcan el paso de la juventud a la vida adulta (emancipación, formación de una pareja, maternidad/paternidad) hace que una parte importante de los hijos demanden ayuda a unos padres cada vez mayores.

Algunos de los cuales están al borde de la jubilación y, por tanto, se hallan obligados a contribuir al sostenimiento de sus hijos con unos recursos mucho más limitados, como suele conllevar una pensión.

Y es que este retraso en la llegada efectiva a la vida adulta resulta palmario.

Según un estudio realizado por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), en colaboración con la Universidad Estatal de Campinas (Brasil), el proceso de entrar en el mundo laboral, abandonar el domicilio familiar y formar una familia propia se ha retrasado entre los españoles nada menos que seis años desde 1981 al 2001 (fecha en la que se realizó el último censo).

Así, a comienzos de los años ochenta, todas estas etapas se cumplían a los 22 años en las mujeres y los 24 en los hombres. En el 2001, en cambio, ya alcanzaban los 28 y 30 años, respectivamente.

En todo caso, como señala Marco Albertini, uno de los autores de la monografía del Injuve Juventud y familia desde una perspectiva comparada europea, no es que en los países de la Europa del norte los padres no den apoyo económico o de otro tipo a sus hijos cuando son jóvenes, sino que –a diferencia de España– estas ayudas familiares están destinadas a fomentar el abandono del hogar de los progenitores.

 

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22 febrero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, CRISIS | , , | Deja un comentario

Los jóvenes necesitan dos veces su salario para alcanzar el nivel de vida de sus padres

Los jóvenes trabajadores necesitarían ganar dos veces lo que ganan para lograr el estilo de vida que sus padres tenían a su edad, según han revelado los investigadores.
Kaos. Estado español | Prensa | Hoy a las 16:36
www.kaosenlared.net/noticia/jovenes-necesitan-dos-veces-salario-para-alcanzar-nivel-vida-padres


Los jóvenes trabajadores necesitarían ganar dos veces lo que ganan para lograr el estilo de vida que sus padres tenían a su edad, según han revelado los investigadores.

El aumento de sueldo haría más fácil la posibilidad de casarse, comprar una casa y tener hijos, opciones que eran más fáciles de alcanzar para las generaciones siguientes, según un estudio del banco Firs Direct publicado por el diario británico  Dailymail.

El informe explica que la media de los jóvenes en torno a los 25 años gana en torno a 25.000 euros, pero requerirían unos 48.000 para alcanzar el nivel de sus padres.

Según First Direct, el banco que encargó el estudio realizado en Gran Bretaña, este déficit financiero está obligando a los jóvenes a retrasar las etapas clave de su vida. “Tres de cada diez padres se casaron y eran propietarios a la edad de 25 años.

La preocupación por el dinero significa que la media de los jóvenes británicos no espera lograr estos hitos hasta mediados los 30”, indica el informe.

Tres de cada cuatro de los 3.000 encuestados para el estudio están de acuerdo en que “los jóvenes de hoy son los más presionados financieramente de la historia”. Uno de cada cinco ha pospuesto o siente que debe posponer los planes de boda. Y uno de cada cuatro está retrasando tener hijos.

Cerca de un tercio están incluso considerando no tener hijos “porque no pueden permitírselo”, según el informe del First Direct, que lo llama ‘La brecha generacional’.

Uno de los mayores problemas para los veinteañeros es el enorme coste de comprar una casa. Una pareja casada en 1985 podría comprar una casa por una media de 41.850 euros, y cuatro veces el salario medio.

Un hijo nacido de esa pareja dos años más tarde tendría ahora 24 años y necesitaría 194906 euros por una casa similar, ocho veces el salario medio.

Las consecuencias son peores para una mujer si los problemas le obligan a retrasar tener niños hasta los treinta y pico o cuarenta.

El estudio señala que los padres, ahora en unos 45 años, podrían haberse casado a los 26, tener un hijo alrededor de esa edad y haber comprado su primera casa a los 27.

Según el ministro de vivienda británico, la edad media de un comprador de una primera casa es 37 años para aquellos que no tienen ayuda financiera de sus padres.

20 febrero, 2011 Posted by | ECONOMIA, ECONOMIA, NOTICIAS | , , , , | Deja un comentario

La rebelión de los jóvenes acosa a las tiranías árabes

La rebelión de los jóvenes acosa a las tiranías árabes

Las mayorías juveniles urbanas, educadas pero excluidas, en regímenes corruptos y dictatoriales, se alzan contra la injusticia en todos los países del arco que va desde Marruecos hasta Siria

CARLOS ENRIQUE BAYO MADRID 13/02/2011 00:15

 

Soldados egipcios retiran, ayer, las alambradas de espinos que bloqueaban los accesos a la plaza Tahrir de El Cairo. REUTERS

Soldados egipcios retiran, ayer, las alambradas de espinos que bloqueaban los accesos a la plaza Tahrir de El Cairo. REUTERS

La revolución árabe no ha hecho más que empezar.

Cuando Barack Obama proclamó el viernes desde la Casa Blanca que “este no es el final de la transición, sino el principio”, se refería sólo a Egipto tras la caída del dictador Hosni Mubarak, hasta muy poco antes el más fiel y valioso aliado de Occidente en Oriente Próximo.

Pero sus palabras son sin duda premonitorias de un fenómeno mucho más amplio que la histórica victoria del pueblo, en sólo 18 días de revuelta callejera, sobre la colosal maquinaria represiva que elrais levantó en 30 años de despotismo.

La rebelión de los jóvenes ha prendido en todo el mundo árabe y se ha transformado en una revolución imparable que amenaza con barrer a los tiranos instalados durante decenios en la opresión de sus ciudadanos.

Recién desencadenada esa convulsión mundial, las cancillerías occidentales, los especialistas y hasta los servicios secretos se preguntan hoy, estupefactos: ¿por qué ha estallado la juventud árabe? ¿Cómo pudo cogernos por sorpresa? ¿Hasta donde llegará esta revolución?

“¡Qué equivocados estábamos!”, admite Roger Hardy, analista sobre Oriente Próximo del Woodrow Wilson Center de Washington.

“Cuando los disturbios comenzaron en Túnez, la mayor parte de los expertos (incluido yo mismo) dijimos que el presidente Ben Alí aplastaría la revuelta y sobreviviría.

Cuando salió huyendo del país, la mayoría de los expertos (incluido yo) argumentamos que Egipto no era Túnez y que Mubarak aplastaría la rebelión y sobreviviría”.

“¡Qué equivocados estábamos!”, admite un experto de EEUU en Oriente Próximo

Pocos gobernantes están tan dispuestos a reconocer semejante error de cálculo, pero los militares y jefes del espionaje que tan estrechas relaciones mantenían con los regímenes que hoy se desmoronan no pueden ocultar que fueron incapaces de prever el tsunami revolucionario que va derribando a sus socios y amigos.

Una gran amistad militar

Al comienzo de las manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo, la cúpula del Ejército egipcio no estaba en su país, sino en Virginia, a las afueras de la capital estadounidense, participando en el Comité de Cooperación Militar conjunto, la reunión que cada año reúne a los altos mandos de Egipto y de EEUU.

El jefe del Estado Mayor, el general Sami Enan encabezaba una delegación de 25 oficiales para esos encuentros con sus homólogos estadounidenses, entre ellos el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano. El 28 de enero, los generales egipcios interrumpieron su visita y regresaron urgentemente a El Cairo.

Ni ellos ni sus mentores estadounidenses tenían la más remota idea de que la tempestad del cambio iba a derribar en poco más de dos semanas el régimen árabe más poderoso, que desde 1981 ha recibido 60.000 millones de dólares de Washington.

En estas tres décadas, EEUU ha formado y financiado el Ejército egipcio, en una relación estratégica tan estrecha que los árboles de la cúpula militar de Mubarak impedían a los norteamericanos ver el inmenso bosque del descontento popular.

Occidente financió y armó a déspotas por temor al auge del islamismo

“Hemos entrenado a cientos, por no decir miles” de militares egipcios, subrayó el almirante Mullen en televisión hace algo más de una semana. “Han vivido con nosotros también sus familias y mi principal objetivo ha sido mantener el contacto con ellos”. Pero Mullen admitió en esa misma entrevista que los acontecimientos le habían “pillado por sorpresa” a pesar, o quizás a causa, de sus intensas relaciones con el Ejército del mayor país árabe.

A lo largo de los años, la proporción de ayuda militar de Washington a El Cairo fue creciendo, en relación a la económica, hasta ser cinco veces superior al monto de todas las otras aportaciones de EEUU a Egipto, a pesar de que ese país no participaba en ningún conflicto bélico. Y haciendo la vista gorda a la evidente corrupción en el seno de las Fuerzas Armadas egipcias.

En 2003, una auditoría interna del Departamento de Defensa norteamericano descubrió que el dinero que la Marina egipcia debía gastarse en el mantenimiento de las seis fragatas que había comprado a EEUU entre 1994 y 1998 acabó en los bolsillos de oficiales jubilados, en la remodelación de viejas oficinas y en reparaciones del yate de Mubarak. Sin embargo, la investigación concluyó que el desvío de fondos, “aunque cuestionable”, no fue “inapropiado”.

“El éxito del pueblo egipcio tendrá más repercusión que el de los tunecinos”

Ahora, “el éxito del poder del pueblo en Egipto tendrá una repercusión en el mundo árabe mucho mayor que su triunfo en Túnez”, afirma Hardy, el analista del Woodrow Wilson.

“El ejemplo egipcio ha electrizado a la opinión pública a lo largo de toda la región, en la que prevalecen males idénticos: autocracia, corrupción, desempleo, déficit de dignidad ciudadana…

Los autócratas cuyos servicios de seguridad son más pequeñosy débiles que los de Egipto son los más vulnerables al gélido viento de la ira popular. Los que cuentan con dinero están tratando de comprar la paz social, pero los estados más pobres, como Jordania y Yemen, tendrán que endeudarse para aplacar a la población”.

El virus recorre el Magreb

El problema es que hasta ahora las potencias occidentales despreciaban la capacidad de movilización de esas poblaciones y extendieron cheques en blanco a los déspotas, que se autoproclamaban baluartes contra el supuesto avance islamista para mantener durante decenios un estado de emergencia totalitario.

Como en Argelia, donde ayer mismo se produjeron graves disturbios en la capital al actuar con extrema contundencia la policía antidisturbios. Es, precisamente, en el tan cercano Magreb donde está llegando antes el virus revolucionario.

“Túnez ha sido la golondrina que anunció la revuelta árabe”, dice Khader

Palestino exiliado en Bélgica desde hace más de 40 años, Bichara Khader, director del Centro de Estudios e Investigación sobre el Mundo Árabe de la Universidad de Louvain, lo tiene claro: “Túnez ha sido la golondrina que anunció la revuelta árabe.

El efecto de contagio en los demás países es evidente”. El Magreb cuenta con todos los ingredientes para que la sublevación popular estalle en las calles de Rabat, Casablanca, Argel y Trípoli: una población en su mayoría joven que se siente excluida, paro, represión política y social, y corrupción rampante de las autoridades.

“En Argelia y Libia, que cuentan con grandes recursos energéticos, las autoridades pueden decir: Consume y cállate’.

Pero el dinero sólo sirve de somnífero y aplaza el despertar de la población”, explica Khader. Los analistas y diplomáticos occidentales aún ignoran qué está pasando en el país de Muamar al Gadafi. “No lo sabemos porque es un régimen cerrado y muy represivo”, se justifica Michael Willis, especialista en asuntos magrebíes del Middle East Centre de la Universidad de Oxford.

Pero sí vemos cómo los argelinos muestran su desesperación con intentos de suicidio a lo bonzo, gritando “¡basta!” a la hogra, el desprecio, en argelino. Argelia, un gigante económico con importantes reservas de petróleo y gas, mantiene a su población en estado de emergencia desde 1992 bajo el férreo control del Ejército.

En el Magreb se reúnen todoslos ingredientes para la sublevación

“Argelia fue, en 1988, el precursor de las revueltas en el mundo árabe, pero su lucha fue secuestrada por el poder”, explica Aomar Baghzouz, profesor en la Universidad de Tizi Ouzou, al noreste del país. Y el sector en el que más ha invertido el Gobierno desde entonces ha sido el militar, mientras la población crecía más del 200% en medio siglo, hasta los 36 millones de habitantes, con una edad media de sólo 26 años.

Willis considera que en países como Argelia y Marruecos “hay una opresión económica y civil; es decir, la vida diaria es muy difícil, porque hay una falta de oportunidades, de visión para el futuro. Si no hay trabajo, no hay dinero; si no hay dinero, uno no puede casarse y no tendrá familia”.

Pero desde las protestas que condujeron a la caída del tunecino Ben Alí, las poblaciones de los demás países de la zona “entendieron que era posible acabar con un dictador”.

“Sí, es posible” fue precisamente el titular de portada de la revista marroquí Tel Quel. En el reino alauí, consumido por la corrupción según Transparency International, y con una renta per cápita de unos 2.000 euros, la más baja de la región después de Mauritania, los sindicatos y la oposición islamista han convocado una manifestación el próximo día 20 para pedir más democracia.

«La primera reforma que la UE debe pedir a Marruecos es el haraquiri del rey»

El caso marroquí

“Marruecos es un caso complicado”, reconoce Bernabé López García, de la Universidad Autónoma de Madrid, “porque no es lo mismo echar a un tirano que se aferra al poder desde hace 30 años que a una monarquía que lleva ahí siglos, respetada hasta en las zonas más aisladas”.

Las autoridades de Rabat se han orientado hacia las reformas desde la muerte de Hasán II, en 1999, aunque muchos intelectuales marroquíes denuncian el autismo y autoritarismo del actual monarca, aún todopoderoso en su reino.

“La corrupción endémica debería obligar a la Unión Europea a reaccionar y pedir reformas al Palacio Real. La primera de ellas debería ser un haraquiri del rey: que deje el poder absoluto e instaure una monarquía parlamentaria. Pero el problema es que los partidos políticos no están a la altura, se mantienen demasiado al margen”, considera el investigador español.

Los marroquíes tienen al menos a una figura central que encarna al poder, contra la que pueden gritar su malestar, “algo que falta a los argelinos”, según Willis. Abdelaziz Buteflika es presidente desde 1999, pero son los militares los que dirigen el país desde el golpe de Estado que abolió la victoria electoral islamista en enero de 1992.

“El régimen contó con el maná petrolero para enfrentarse a las reivindicaciones sociales y sabe ahora que simples medidas económicas ya no son suficientes. Por eso ha anunciado el fin [en un futuro próximo] del estado de emergencia. Pero los argelinos seguirán reclamando cada vez más libertades y democracia”, dice el argelino Baghzouz.

Además, en Argelia “las desigualdades sociales son muy grandes”, subraya Amel Boubekeur, especialista del Magreb en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, quien teme “una represión brutal”. Porque, a diferencia de Túnez, el Ejército en Argelia “no ha sido marginalizado por las autoridades, sino que participa en el proceso de decisión política” y no dudará en usar la fuerza.

Boubekeur teme que el Ejército de Argelia ejecute “una represión brutal”

Pero las armas no bastan para acallar un volcán de indignación que se ha alimentado en el magma de internet y aprovecha las nuevas tecnologías para entrar en erupción. Porque las nuevas generaciones ya no pueden ser aisladas de la realidad por la censura.

Decenas de millones de árabes están enganchados a la serieBab al hara (La puerta del barrio), que empezó a emitirse en 2006 y ha arrasado en casi todo Oriente Próximo.

Ambientada en la ciudad vieja de Damasco en los años treinta, durante la colonización francesa de Siria y Líbano, y de la colonización inglesa de Palestina y Transjordania, debe su éxito, sobre todo entre los jóvenes, al enfoque moderno, hasta progresista, con que aborda las cuestiones sociales, incluida la situación de la mujer.

Bab al hara ha desplazado el foco de atención de Egipto a Siria, donde a pesar del régimen autoritario de Bashar al Asad, existe un margen para plantear cuestiones de más interés para la audiencia juvenil, ante la cual la sociedad tradicional de sus mayores se está resquebrajando rápidamente.

Tiene algo de contradictorio que la serie sea siria y que los disturbios que han sacudido Túnez, Egipto y Yemen no hayan tenido repercusión en Damasco. Parece que la revolución arranca en los países que mantienen una estrecha relación con EEUU, algo que ha destacado Al Asad.

La penetración de la televisión por satélite en 22 países que comparten el conocimiento de un mismo idioma, el árabe clásico, también está siendo decisiva para internacionalizar la revolución de los jóvenes.

Los planteamientos progresistas de la cadena de información Al Yazira, que ha estado en primera fila durante las revueltas, y que ha convertido su programación en una monografía sobre Egipto, están descubriendo una realidad distinta a millones de ciudadanos que durante toda su vida fueron sometidos al lavado de cerebro de medios de comunicación serviles con el poder.

La cúpula militar de Egipto se hallaba en Virginia al estallar la revuelta de Tahrir

El mundo árabe empieza a formar parte de la aldea global.

Lo que ocurre en Túnez y Egipto se ve en directo en todos los demás países. Las redes sociales permiten que las protestas se convoquen de un día para otro, o en el mismo día. Los teléfonos móviles hacen que los manifestantes se organicen yreaccionen en segundos a los movimientos de la Policía o el Ejército.

Occidente siempre dio prioridad a la estabilidad de los regímenes árabes, por encima de la democracia y de los derechos humanos.

Financiando y armando a los dictadores, dándoles manga ancha para oprimir y robar, confiando ciegamente en que las fuerzas represivas mantendrían a los ciudadanos a raya indefinidamente, EEUU y Francia han creado ese monstruoque ahora tanto temen: el poder revolucionario de un pueblo que ha perdido el miedo.

Los parias se han levantado, y nada les detendrá.

13 febrero, 2011 Posted by | 1.-ISLAM, revueltas islam | , , , , , , , | Deja un comentario

Luchando por el cambio

Luchando por el cambio

El 68% de los árabes tiene menos de treinta años, y la mayoría no sabe qué hacer con sus vidas. De ellos ha partido el poderoso impulso de protesta contra los regímenes de sus países

ANA CARBAJOSA 06/02/2011

Los jóvenes árabes han dicho basta. Han salido a la calle para decir que se merecen un futuro mejor.

Que no tienen la culpa de haber nacido en países en los que la economía crece solo para unos pocos y en los que decir lo que uno piensa supone a veces jugarse la vida. Que ya no tienen miedo de salir a la calle. Porque no tienen tanto que perder.

Porque gracias a Internet y a la televisión por satélite han visto que otro mundo sí es posible, pero sobre todo, porque las revueltas de Túnez y Egipto les han enseñado que no están solos. Que se tienen unos a otros.

Se han propuesto darle un vuelco a la historia del mundo árabe. En Túnez han acabado con el eterno régimen del presidente Ben Ali. En Egipto, han puesto contra las cuerdas a Hosni Mubarak, un dirigente aferrado al poder desde hace 30 años.

En Yemen, el presidente Abdulá Saleh ya dice que no se volverá a presentar a las elecciones.

Argelia ha puesto fin a 19 años de ley de emergencia… Dicen los expertos que esto no es más que el principio.

El cambio ha llegado y no parece haber marcha atrás.

Las blogueras proliferan en el mundo árabe. Se saltan en la Red las restricciones impuestas por la cultura tradicional

Un creciente número de jóvenes encuentra en los movimientos islámicos un paraguas espiritual, económico y social

Sara El Demerdash, una egipcia de 26 años, que trabaja con niños de la calle y todo tipo de proyectos sociales en El Cairo, lo explica con claridad: “Llevamos años sufriendo abuso de poder, corrupción y falta de oportunidades.

Poco a poco, nos dimos cuenta de que no íbamos a ninguna parte, de que el futuro no tenía buena pinta. Sabíamos que a la gente la torturan en las comisarías. Luego mataron al chico en Alejandría, y después llegó lo de Túnez, y pensamos que tal vez nosotros también podíamos hacer algo. Así empezó todo”.

En los ultramarinos, en las casas, en las oficinas, los árabes pasan estos días pegados a las pantallas de televisión como sucedió durante la guerra de Irak. Sólo que esta vez lo que les absorbe es un relato épico, en el que los héroes son ellos, los jóvenes, los que suman más de la mitad de la sociedad. Sienten que pase lo que pase al final en Egipto, en Yemen, en Siria o en cualquier otro país árabe, ya han ganado.

Porque esos jóvenes, los mismos que durante años se han sentido ignorados, menospreciados e infravalorados, han conseguido algo con lo que sus padres ni siquiera soñaban. Han logrado acorralar a dirigentes que se eternizan en el poder y asfixian a sus gobernados en nombre de la seguridad y de la estabilidad de sus países. Se respira orgullo en las calles del mundo árabe, aires de liberación.

La inyección de autoestima colectiva les hace sentir que por primera vez en mucho tiempo no solo tienen presente, sino incluso futuro. Y que ese futuro tal vez esté en sus manos. “Por fin, hemos dejado de esperar sentados a que decidan por nosotros, a que nos dirijan nuestra vida”, dice Fadia Handi, una joven jordana de 26 años, que trabaja en el departamento de marketing de una empresa de videojuegos. Es la hora del descanso de media mañana y Handi y sus compañeras, todas a la última, con vaqueros ajustados y playeras, hablan del único tema posible estos días.

Handi: “A la generación de nuestros padres le tocó vivir tiempos muy duros. Han vivido sintiéndose derrotados por las guerras. Nosotros no. No nos sentimos perdedores y no queremos serlo. Sabemos cómo funciona el mundo y eso nos da poder”.

Kamel Al Asmar, 26, creador de una página web de intercambio de voluntariado y que hoy pasaba por aquí: “Nuestros padres creían que los líderes son superhéroes, intocables; nosotros no”.

Otra compañera, Sama Qatani, de 24 años: “Yo me di cuenta de que los líderes eran mortales el día que vi a Sadam Hussein en la horca. No me lo podía creer, una persona tan poderosa…”. Qatani también rebaja un poco la dosis de optimismo de sus compañeros: “Uf. Todo esto es muy emocionante, los jóvenes árabes nos sentimos muy unidos, pero también tengo miedo. En parte tengo la sensación de que es demasiado bonito como para que salga bien”.

Claro que no todos los jóvenes árabes son iguales, y que probablemente un joven de Casablanca tenga poco que ver con uno de Beirut o de Saná. Que no es lo mismo discutir de política a voces en un restaurante palestino, que tener que bajar la voz en uno de Damasco cuando se menciona al presidente. Y que los países del Golfo constituyen sin duda un mundo aparte.

Pero tanto los jóvenes de unos países como los de otros viven en Estados que han envejecido mal, con una deficiente legitimidad democrática y una creciente desigualdad. Casi todos se enfrentan al desempleo, a una mayor o menor falta de libertades y al cuasimonopolio de la autoridad por parte de una generación que les cierra el paso.

El 68% de los árabes son como Handi o como Qatani, es decir, tienen menos de 30 años, según las cifras de Naciones Unidas. Y también como la inmensa mayoría de los jóvenes han recibido una educación. Ellas han encontrado trabajo, pero muchos otros no, y esa es precisamente una de las grandes fuentes de frustración juvenil. Tanto, que por ejemplo, el 44% de los tunecinos o el 37% de los marroquíes dicen que emigrarían para siempre si tuvieran la oportunidad, según el estudio Voces de jóvenes árabes elaborado por Gallup para Silatech.

Musa Shtiwi, profesor de sociología de la Universidad de Jordania ofrece su explicación. “Es una combinación explosiva. Los Gobiernos no son democráticos, pero tampoco son capaces de ofrecer bienestar como antes.

Ahora cada vez hay más licenciados universitarios, pero las economías de la región no han sido capaces de darles salida laboral. Esto ha creado una enorme bolsa de personas con mucha formación, pero sin trabajo y sin libertades”.

Un 25% de los jóvenes árabes están desempleados, según el Banco Mundial, desde donde matizan que las cifras son algo engañosas, porque no cuentan a los jóvenes que estudian y que no buscan activamente un empleo.

En esa situación cree que se encontrará bien pronto Assad Thabian, un bloguero libanés de 20 años, que estudia filosofía en la Universidad. “Aquí, para conseguir un trabajo tienes que chuparle el culo al líder de la secta a la que pertenezcas, que son los que reparten el pastel”. Él es druso y dice no estar por la labor de ir por ahí pidiendo favores. De momento, compagina sus estudios con algún que otro trabajillo que pilla.

Aún así, Thabian irradia felicidad estos días. Él está en contacto continuo con los movimientos sociales de todo el mundo árabe a través de la Red y cree que lo que empezó en Túnez y se contagió a Egipto es un fenómeno imparable. “No va a ser inmediato, y en algunos sitios tardará porque la represión es muy fuerte, pero cambiarán”.

Las cifras del Banco Mundial indican que los jóvenes árabes tardan tres años de media en encontrar un empleo. También calculan que haría falta crear en la región cinco millones de empleos al año para dar salida a los jóvenes.

De momento, sólo se crean tres millones anuales. La falta de trabajo retrasa para muchos el matrimonio, ya que no disponen de recursos para el gran acontecimiento que supone una boda en el mundo árabe.

Esta semana, un joven funcionario jordano que gana 250 euros al mes, comentaba que por primera vez asistiría a las manifestaciones en contra del Gobierno porque no sabía qué iba a ser de su vida. No sabía cómo iba a ser capaz de pagar la letra de los 5.000 euros que se gastó en su boda el año pasado.

A la falta de oportunidades económicas se añade la escasa participación de los jóvenes en política o en cualquier institución que cuente.

En algunos países árabes ni siquiera hay partidos políticos, y cuando los hay, ni ellos ni los opositores suelen representar las aspiraciones de los jóvenes. “El resultado es una alienación total de los jóvenes, que acumulan frustración y desesperanza”, añade el profesor Shtiwi.

La desesperanza ha estado alimentada por un cierto sentimiento de incomprensión por parte de los mayores, que no entendían y a veces menospreciaban las horas que pasaban sus hijos enganchados al ordenador.

Cuál ha sido su sorpresa al descubrir que el mundo virtual de sus hijos ha ejercido cuando menos de correa de transmisión de las protestas y en muchos casos, de verdadero motor. Es cierto que en la Red no están todos.

Que son una (gran) minoría los que tienen acceso a un ordenador y a una conexión a Internet. Pero tal vez sean los suficientes para movilizar al resto, para dar el empujón final. Al fin y al cabo, las revoluciones siempre las empiezan unos pocos.

Para los jóvenes árabes, más que para otros, Internet es la máscara de oxígeno que les permite respirar, y expresarse con la libertad que sus gobernantes y familias les roban. Resulta especialmente cierto en el caso de las mujeres, que se saltan en la Red las restricciones que la cultura tradicional les reserva.

Por eso, no es de extrañar que proliferen las blogueras en el mundo árabe. De todas las edades, de todas las tendencias.

Aparte de ser la puerta al mundo exterior, Internet para estos jóvenes es simplemente una de las pocas alternativas de ocio a su alcance. Lo de salir de marcha o el botellón no es algo que se estile en el mundo árabe, y aunque hay ciudades como Beirut, Ramala o incluso Damasco donde florecen los bares y los cafés, los frecuentan la minoría de la minoría.

En parte porque su nivel adquisitivo no se lo permite y en parte -de nuevo sobre todo en el caso de las mujeres- porque no está bien visto. Los chicos sí tienen sus cafés, donde se reúnen a fumar la pipa de agua y a beber té. Pero ¿cuántas horas puede pasar un joven desempleado bebiendo té día tras día sin morir de aburrimiento?

Las revueltas de Túnez y Egipto también han cambiado eso, la manera de utilizar Internet. Si antes todo eran fotos de actores, videoclips musicales y si me cae mejor fulanita o menganito, ahora la red social árabe destila política por los cuatro costados.

“Muchos jóvenes tenían miedo de hablar de política. Han crecido con unos padres atemorizados que les han aconsejado no meterse en líos, es decir, no implicarse en temas políticos. Ese miedo empieza ahora a diluirse”, explica Thameen Kheetan, un jovencísimo reportero de The Jordan Times, dedicado a cubrir grupos sociales y asuntos juveniles.

Dice que hasta ahora veían en la tele lo que pasaba en otros países y pensaban que estaba bien, sí, pero que de alguna manera no iba con ellos.

Ahora es distinto, porque es el mundo árabe el que está en juego. “Todos los jóvenes del mundo árabe apoyamos estas revoluciones, por eso los Gobiernos árabes empiezan a hacer reformas y a incluir programas para la juventud en sus agendas”, explica una chica siria de 26 años, que teme desvelar su identidad. El régimen sirio ha demostrado hasta ahora escasa tolerancia con la mínima disidencia.

Un creciente número de jóvenes se sienten atraídos por los movimientos islámicos. En ellos encuentran un paraguas espiritual, pero también económico y social. Pero los que se acercan al mundo religioso también pueden sufrir similares procesos de alienación a los del resto de los jóvenes, advierten los expertos. Si no tienen trabajo, ni vías suficientes de expresión o participación social, es poco probable que la observancia religiosa les baste. Ellos también quieren trabajar, comprarse una casa, tener hijos…

El papel de los Hermanos Musulmanes en la revuelta egipcia se ha convertido en un ejemplo a seguir. “Todos los días chateo con mis colegas de Egipto. Allí, los hermanos no tienen libertad de expresión”, dice Isra Migdad, una estudiante de la Universidad islámica de Gaza. “En clase, el sheij Khalil nos explica que ahora los jóvenes tenemos el poder y que podemos cambiar la sociedad si queremos”, añade esta joven, que va tapada de pies a cabeza.

Ya sean laicos o religiosos, parece poco probable que los jóvenes árabes vayan a ser los mismos D.E. (después de Egipto). Porque al margen del desenlace de las revueltas que se extienden y contagian unas a otras en la región, lo que se ha producido es una verdadera revolución interior en las mentes de los jóvenes y esa, tal vez cueste más reprimirla con tanques y con balas.

Sabes aquel que dice …

La red ha servido para organizar protestas y esparcir el mensaje al mundo entero. Pero también ha servido para que los jóvenes árabes se encuentren, para tejer alianzas y forjar una suerte de cibercomunión árabe. El nacionalismo se aparca para dar prioridad a las necesidades de la nación árabe.

Durante los primeros días de la revolución tunecina, la foto que muchos internautas árabes eligieron para su perfil de Twitter fue la de Mohamed Bouazizi, el joven que se inmoló en Túnez y que encendió la mecha de las protestas. Semanas después, cuando la plaza de la Liberación de El Cairo se llenó por primera vez de manifestantes, las fotos de Bouazizi fueron sustituidas por banderas egipcias. Da igual la nacionalidad del internauta. Lo importante es la causa.

“Desde que empezó lo de Egipto, ha bajado un 50% el consumo de nuestros juegos on line“, explica Suleiman Bakhit, creador de videojuegos protagonizados por superhéroes árabes. Atribuye el descenso a que los jóvenes están en otra cosa: conectados a Internet, sí, pero no para jugar, sino más bien ocupados en informarse y en distribuir vídeos, audios y todo tipo de material que llega desde Egipto.

Cuenta Bakhit cómo los internautas jordanos han prestado apoyo a los egipcios. “Cuando se quedaron sin Internet, llamaban a los jordanos para dictarles lo que pasaba y desde aquí se retwiteaba al resto del mundo”, dice Bahkit. “Este es el nuevo panarabismo. Nos ayudamos, aprendemos los unos de los otros”.

Pero no solo se ayudan. De Rabat a Riad, pasando por Damasco, se ríen a carcajadas con los chistes recién nacidos de las protestas. Aquí va una muestra de los más twiteados:

-¿Por qué no ha habido manifestaciones en Siria? Porque los que iban a asistir están todos en la cárcel.

-Obama le pide a Mubarak que escriba un discurso de despedida. “¿Quién se va?”, pregunta Mubarak.

-Ben Ali llama al rey saudí para que busque rápidamente casa para Mubarak. “Es que este año ha decidido adelantar la peregrinación a La Meca”, le explica Ben Ali.

-¿Cuáles han sido los tres nominados esta semana en Al Academiya [la versión árabe de Operación Triunfo]? Mubarak, Gadafi y Abdalá Saleh [el presidente yemení].

 

Los jóvenes árabes han dicho basta. Han salido a la calle para decir que se merecen un futuro mejor. Que no tienen la culpa de haber nacido en países en los que la economía crece solo para unos pocos y en los que decir lo que uno piensa supone a veces jugarse la vida. Que ya no tienen miedo de salir a la calle. Porque no tienen tanto que perder.

Porque gracias a Internet y a la televisión por satélite han visto que otro mundo sí es posible, pero sobre todo, porque las revueltas de Túnez y Egipto les han enseñado que no están solos. Que se tienen unos a otros.

Se han propuesto darle un vuelco a la historia del mundo árabe. En Túnez han acabado con el eterno régimen del presidente Ben Ali. En Egipto, han puesto contra las cuerdas a Hosni Mubarak, un dirigente aferrado al poder desde hace 30 años. En Yemen, el presidente Abdulá Saleh ya dice que no se volverá a presentar a las elecciones. Argelia ha puesto fin a 19 años de ley de emergencia…

Dicen los expertos que esto no es más que el principio. El cambio ha llegado y no parece haber marcha atrás.

Las blogueras proliferan en el mundo árabe. Se saltan en la Red las restricciones impuestas por la cultura tradicional

Un creciente número de jóvenes encuentra en los movimientos islámicos un paraguas espiritual, económico y social

Sara El Demerdash, una egipcia de 26 años, que trabaja con niños de la calle y todo tipo de proyectos sociales en El Cairo, lo explica con claridad: “Llevamos años sufriendo abuso de poder, corrupción y falta de oportunidades.

Poco a poco, nos dimos cuenta de que no íbamos a ninguna parte, de que el futuro no tenía buena pinta. Sabíamos que a la gente la torturan en las comisarías. Luego mataron al chico en Alejandría, y después llegó lo de Túnez, y pensamos que tal vez nosotros también podíamos hacer algo. Así empezó todo”.

En los ultramarinos, en las casas, en las oficinas, los árabes pasan estos días pegados a las pantallas de televisión como sucedió durante la guerra de Irak. Sólo que esta vez lo que les absorbe es un relato épico, en el que los héroes son ellos, los jóvenes, los que suman más de la mitad de la sociedad. Sienten que pase lo que pase al final en Egipto, en Yemen, en Siria o en cualquier otro país árabe, ya han ganado.

Porque esos jóvenes, los mismos que durante años se han sentido ignorados, menospreciados e infravalorados, han conseguido algo con lo que sus padres ni siquiera soñaban. Han logrado acorralar a dirigentes que se eternizan en el poder y asfixian a sus gobernados en nombre de la seguridad y de la estabilidad de sus países. Se respira orgullo en las calles del mundo árabe, aires de liberación.

La inyección de autoestima colectiva les hace sentir que por primera vez en mucho tiempo no solo tienen presente, sino incluso futuro. Y que ese futuro tal vez esté en sus manos. “Por fin, hemos dejado de esperar sentados a que decidan por nosotros, a que nos dirijan nuestra vida”, dice Fadia Handi, una joven jordana de 26 años, que trabaja en el departamento de marketing de una empresa de videojuegos.

Es la hora del descanso de media mañana y Handi y sus compañeras, todas a la última, con vaqueros ajustados y playeras, hablan del único tema posible estos días.

Handi: “A la generación de nuestros padres le tocó vivir tiempos muy duros. Han vivido sintiéndose derrotados por las guerras. Nosotros no. No nos sentimos perdedores y no queremos serlo. Sabemos cómo funciona el mundo y eso nos da poder”.

Kamel Al Asmar, 26, creador de una página web de intercambio de voluntariado y que hoy pasaba por aquí: “Nuestros padres creían que los líderes son superhéroes, intocables; nosotros no”.

Otra compañera, Sama Qatani, de 24 años: “Yo me di cuenta de que los líderes eran mortales el día que vi a Sadam Hussein en la horca. No me lo podía creer, una persona tan poderosa…”. Qatani también rebaja un poco la dosis de optimismo de sus compañeros: “Uf. Todo esto es muy emocionante, los jóvenes árabes nos sentimos muy unidos, pero también tengo miedo. En parte tengo la sensación de que es demasiado bonito como para que salga bien”.

Claro que no todos los jóvenes árabes son iguales, y que probablemente un joven de Casablanca tenga poco que ver con uno de Beirut o de Saná. Que no es lo mismo discutir de política a voces en un restaurante palestino, que tener que bajar la voz en uno de Damasco cuando se menciona al presidente. Y que los países del Golfo constituyen sin duda un mundo aparte.

Pero tanto los jóvenes de unos países como los de otros viven en Estados que han envejecido mal, con una deficiente legitimidad democrática y una creciente desigualdad. Casi todos se enfrentan al desempleo, a una mayor o menor falta de libertades y al cuasimonopolio de la autoridad por parte de una generación que les cierra el paso.

El 68% de los árabes son como Handi o como Qatani, es decir, tienen menos de 30 años, según las cifras de Naciones Unidas. Y también como la inmensa mayoría de los jóvenes han recibido una educación. Ellas han encontrado trabajo, pero muchos otros no, y esa es precisamente una de las grandes fuentes de frustración juvenil.

Tanto, que por ejemplo, el 44% de los tunecinos o el 37% de los marroquíes dicen que emigrarían para siempre si tuvieran la oportunidad, según el estudio Voces de jóvenes árabes elaborado por Gallup para Silatech.

Musa Shtiwi, profesor de sociología de la Universidad de Jordania ofrece su explicación. “Es una combinación explosiva. Los Gobiernos no son democráticos, pero tampoco son capaces de ofrecer bienestar como antes. Ahora cada vez hay más licenciados universitarios, pero las economías de la región no han sido capaces de darles salida laboral.

Esto ha creado una enorme bolsa de personas con mucha formación, pero sin trabajo y sin libertades”. Un 25% de los jóvenes árabes están desempleados, según el Banco Mundial, desde donde matizan que las cifras son algo engañosas, porque no cuentan a los jóvenes que estudian y que no buscan activamente un empleo.

En esa situación cree que se encontrará bien pronto Assad Thabian, un bloguero libanés de 20 años, que estudia filosofía en la Universidad. “Aquí, para conseguir un trabajo tienes que chuparle el culo al líder de la secta a la que pertenezcas, que son los que reparten el pastel”. Él es druso y dice no estar por la labor de ir por ahí pidiendo favores. De momento, compagina sus estudios con algún que otro trabajillo que pilla.

Aún así, Thabian irradia felicidad estos días. Él está en contacto continuo con los movimientos sociales de todo el mundo árabe a través de la Red y cree que lo que empezó en Túnez y se contagió a Egipto es un fenómeno imparable. “No va a ser inmediato, y en algunos sitios tardará porque la represión es muy fuerte, pero cambiarán”.

Las cifras del Banco Mundial indican que los jóvenes árabes tardan tres años de media en encontrar un empleo. También calculan que haría falta crear en la región cinco millones de empleos al año para dar salida a los jóvenes. De momento, sólo se crean tres millones anuales. La falta de trabajo retrasa para muchos el matrimonio, ya que no disponen de recursos para el gran acontecimiento que supone una boda en el mundo árabe.

Esta semana, un joven funcionario jordano que gana 250 euros al mes, comentaba que por primera vez asistiría a las manifestaciones en contra del Gobierno porque no sabía qué iba a ser de su vida. No sabía cómo iba a ser capaz de pagar la letra de los 5.000 euros que se gastó en su boda el año pasado.

A la falta de oportunidades económicas se añade la escasa participación de los jóvenes en política o en cualquier institución que cuente. En algunos países árabes ni siquiera hay partidos políticos, y cuando los hay, ni ellos ni los opositores suelen representar las aspiraciones de los jóvenes. “El resultado es una alienación total de los jóvenes, que acumulan frustración y desesperanza”, añade el profesor Shtiwi.

La desesperanza ha estado alimentada por un cierto sentimiento de incomprensión por parte de los mayores, que no entendían y a veces menospreciaban las horas que pasaban sus hijos enganchados al ordenador.

Cuál ha sido su sorpresa al descubrir que el mundo virtual de sus hijos ha ejercido cuando menos de correa de transmisión de las protestas y en muchos casos, de verdadero motor. Es cierto que en la Red no están todos. Que son una (gran) minoría los que tienen acceso a un ordenador y a una conexión a Internet. Pero tal vez sean los suficientes para movilizar al resto, para dar el empujón final. Al fin y al cabo, las revoluciones siempre las empiezan unos pocos.

Para los jóvenes árabes, más que para otros, Internet es la máscara de oxígeno que les permite respirar, y expresarse con la libertad que sus gobernantes y familias les roban. Resulta especialmente cierto en el caso de las mujeres, que se saltan en la Red las restricciones que la cultura tradicional les reserva. Por eso, no es de extrañar que proliferen las blogueras en el mundo árabe. De todas las edades, de todas las tendencias.

Aparte de ser la puerta al mundo exterior, Internet para estos jóvenes es simplemente una de las pocas alternativas de ocio a su alcance. Lo de salir de marcha o el botellón no es algo que se estile en el mundo árabe, y aunque hay ciudades como Beirut, Ramala o incluso Damasco donde florecen los bares y los cafés, los frecuentan la minoría de la minoría.

En parte porque su nivel adquisitivo no se lo permite y en parte -de nuevo sobre todo en el caso de las mujeres- porque no está bien visto. Los chicos sí tienen sus cafés, donde se reúnen a fumar la pipa de agua y a beber té. Pero ¿cuántas horas puede pasar un joven desempleado bebiendo té día tras día sin morir de aburrimiento?

Las revueltas de Túnez y Egipto también han cambiado eso, la manera de utilizar Internet. Si antes todo eran fotos de actores, videoclips musicales y si me cae mejor fulanita o menganito, ahora la red social árabe destila política por los cuatro costados. “Muchos jóvenes tenían miedo de hablar de política. Han crecido con unos padres atemorizados que les han aconsejado no meterse en líos, es decir, no implicarse en temas políticos.

Ese miedo empieza ahora a diluirse”, explica Thameen Kheetan, un jovencísimo reportero de The Jordan Times, dedicado a cubrir grupos sociales y asuntos juveniles. Dice que hasta ahora veían en la tele lo que pasaba en otros países y pensaban que estaba bien, sí, pero que de alguna manera no iba con ellos.

Ahora es distinto, porque es el mundo árabe el que está en juego. “Todos los jóvenes del mundo árabe apoyamos estas revoluciones, por eso los Gobiernos árabes empiezan a hacer reformas y a incluir programas para la juventud en sus agendas”, explica una chica siria de 26 años, que teme desvelar su identidad. El régimen sirio ha demostrado hasta ahora escasa tolerancia con la mínima disidencia.

Un creciente número de jóvenes se sienten atraídos por los movimientos islámicos. En ellos encuentran un paraguas espiritual, pero también económico y social. Pero los que se acercan al mundo religioso también pueden sufrir similares procesos de alienación a los del resto de los jóvenes, advierten los expertos. Si no tienen trabajo, ni vías suficientes de expresión o participación social, es poco probable que la observancia religiosa les baste. Ellos también quieren trabajar, comprarse una casa, tener hijos…

El papel de los Hermanos Musulmanes en la revuelta egipcia se ha convertido en un ejemplo a seguir. “Todos los días chateo con mis colegas de Egipto. Allí, los hermanos no tienen libertad de expresión”, dice Isra Migdad, una estudiante de la Universidad islámica de Gaza. “En clase, el sheij Khalil nos explica que ahora los jóvenes tenemos el poder y que podemos cambiar la sociedad si queremos”, añade esta joven, que va tapada de pies a cabeza.

Ya sean laicos o religiosos, parece poco probable que los jóvenes árabes vayan a ser los mismos D.E. (después de Egipto). Porque al margen del desenlace de las revueltas que se extienden y contagian unas a otras en la región, lo que se ha producido es una verdadera revolución interior en las mentes de los jóvenes y esa, tal vez cueste más reprimirla con tanques y con balas.

Sabes aquel que dice …

La red ha servido para organizar protestas y esparcir el mensaje al mundo entero. Pero también ha servido para que los jóvenes árabes se encuentren, para tejer alianzas y forjar una suerte de cibercomunión árabe. El nacionalismo se aparca para dar prioridad a las necesidades de la nación árabe.

Durante los primeros días de la revolución tunecina, la foto que muchos internautas árabes eligieron para su perfil de Twitter fue la de Mohamed Bouazizi, el joven que se inmoló en Túnez y que encendió la mecha de las protestas. Semanas después, cuando la plaza de la Liberación de El Cairo se llenó por primera vez de manifestantes, las fotos de Bouazizi fueron sustituidas por banderas egipcias. Da igual la nacionalidad del internauta. Lo importante es la causa.

“Desde que empezó lo de Egipto, ha bajado un 50% el consumo de nuestros juegos on line“, explica Suleiman Bakhit, creador de videojuegos protagonizados por superhéroes árabes. Atribuye el descenso a que los jóvenes están en otra cosa: conectados a Internet, sí, pero no para jugar, sino más bien ocupados en informarse y en distribuir vídeos, audios y todo tipo de material que llega desde Egipto.

Cuenta Bakhit cómo los internautas jordanos han prestado apoyo a los egipcios. “Cuando se quedaron sin Internet, llamaban a los jordanos para dictarles lo que pasaba y desde aquí se retwiteaba al resto del mundo”, dice Bahkit. “Este es el nuevo panarabismo. Nos ayudamos, aprendemos los unos de los otros”.

Pero no solo se ayudan. De Rabat a Riad, pasando por Damasco, se ríen a carcajadas con los chistes recién nacidos de las protestas. Aquí va una muestra de los más twiteados:

-¿Por qué no ha habido manifestaciones en Siria? Porque los que iban a asistir están todos en la cárcel.

-Obama le pide a Mubarak que escriba un discurso de despedida. “¿Quién se va?”, pregunta Mubarak.

-Ben Ali llama al rey saudí para que busque rápidamente casa para Mubarak. “Es que este año ha decidido adelantar la peregrinación a La Meca”, le explica Ben Ali.

-¿Cuáles han sido los tres nominados esta semana en Al Academiya [la versión árabe de Operación Triunfo]? Mubarak, Gadafi y Abdalá Saleh [el presidente yemení].

El faraón se queda en momia

Mubarak nunca ha sido amado por su pueblo. Sin el carisma de Nasser o el populismo de Sadat, no ha ofrecido ni pan ni libertad a la mayoría de los habitantes del valle del Nilo

JAVIER VALENZUELA 06/02/2011

La Momia deambula por el escenario negándose a cantar el aria del destierro de Aída: “Oh patria mia, mai più ti rivedrò”. Anhela ser enterrada en el valle del Nilo. Podría encontrar descanso en la cercana Arabia, la tierra de La Meca y Medina, pero no, en esta hora suprema proclama que se siente más egipcia que musulmana.

Están el faraón, la momia, los soldados, el pueblo, los sacerdotes y El Baradei en el papel del sabio valiente

Sus soldados miran a la Momia con extrañeza: no se ha dado cuenta de que ya terminó su vida como faraón y solo es un cadáver embalsamado. Quiere seguir gobernando hasta septiembre. Pero ¿quién de ellos se atreve a proponerle celebrar ya el entierro, sellar el ataúd y devolver así la paz al país de las pirámides?

Y es que el pueblo no quiere a la Momia, para el manso y paciente pueblo de las riberas del gran río ha llegado el momento de la ira y el valor. Lleva días exigiendo que se vaya, que deje de comportarse como si aún fuera el faraón.

Así están las cosas este viernes 4 de febrero de 2011, en que el pueblo vuelve a salir a la calle con la esperanza de que haya llegado el día de la despedida.

Tres niveles cohabitan en la revolución egipcia. La tecnología y las redes sociales son del siglo XXI. Las ideas -libertad, justicia y dignidad-, las del Siglo de las Luces. El escenario del drama, faraónico.

Lo dice Maureen Dowd en The New York Times: “El Egipto de Cleopatra era moderno en los tiempos antiguos y el de Mubarak es antiguo en los tiempos modernos”.

Escribe uno tres niveles y ya le viene a la cabeza otro: el demográfico. La Momia, esto es, el rais o presidente Hosni Mubarak, nació hace más de 80 años. Su pueblo tiene una media de edad de 24 años.

Del muerto -políticamente hablando, ustedes ya me han entendido- que aún camina en la mañana del viernes, Enric González escribió el miércoles en este periódico: “Mubarak se veía degradado desde la condición de enemigo del pueblo a la de simple estorbo, quizá lo más humillante para un dictador que fue todopoderoso durante tres décadas”.

Era un agudo comentario sobre el hecho de que, tras un martes en el que cientos de miles de cairotas se habían concentrado en la plaza de Tahrir para exigir su dimisión, Mubarak, en un teatral discurso televisado, había declarado, con rostro petrificado, que pensaba quedarse hasta septiembre, que ni se le pasaba por la cabeza morir y ser enterrado en otro lugar que no fuera Egipto.

En la noche de ese martes, Obama, en otra comparecencia televisiva, se había quedado a pocos milímetros de exigir la salida de Mubarak. Lo que dijo, no obstante, fue rotundo: la lucha por la libertad de los egipcios es admirable, Estados Unidos cree que los derechos sobre los que se fundó como país son de aplicación universal y la transición a la democracia en el valle del Nilo tiene que comenzar “ahora”.

El portavoz de la Casa Blanca precisaría al día siguiente que ahora” quiere decir “ahora, no en septiembre”. Tan rápidos y tan arrojados como siempre, cinco europeos -Merkel, Zapatero, Cameron, Sarkozy y Berlusconi- copiaron el jueves el fondo y la forma del mensaje de Obama.

Pero Mubarak seguía negándose a entonar el Oh patria mía. Ni en la Alemania de las buenas clínicas oncológicas ni en la musulmana Arabia. ¿Lo haría este viernes? Según The New York Times, la Casa Blanca negociaba su salida inmediata y su sustitución por su vicepresidente y un gobierno de coalición con elementos del régimen y la oposición. ¿Cuánto tiempo más podía aguantar?

Sin el carisma de Nasser, que hacía vibrar a millones de árabes desde el Atlántico hasta el Golfo, ni el populismo de un Sadat que se vestía con disdacha y hablaba como un alcalde de pueblo, Mubarak nunca ha sido un gobernante amado por su pueblo. De él se contaba en los cafetines cairotas el mismo chiste que circuló en su tiempo sobre Franco: estando el rais en su lecho de muerte, sus consejeros le dicen: “Excelencia, aquí está el pueblo, ha venido a despedirse”, y él responde impertérrito: “¿Es que el pueblo se va a alguna parte?”.

Sobre el hecho de que, hasta ahora y en la persona del superespía Omar Suleiman, nunca hubiera nombrado un vicepresidente, los habitualmente bienhumorados egipcios decían: “Normal, es que todavía no ha encontrado a nadie más burro que él”.

También se contaba que gastaba la mitad de la ayuda norteamericana en armamento y la otra mitad en tinte para el cabello. Cuando en 2003 le entrevisté en El Cairo para EL PAÍS, me llamó la atención que lo tuviera negrísimo como el betún.

Nacido en 1928, en una aldea humilde, hijo de un modesto funcionario, Mubarak se incorporó muy joven al ejército, la única vía de ascenso social en el Egipto de su época. Era general de aviación y vicepresidente cuando, en octubre de 1981, militares yihadistas opuestos a la paz con Israel asesinaron a Sadat, su jefe. Ocho días después, se convirtió en el nuevo rais.

Mubarak ha liberalizado la economía más o menos socialista que heredó, pero jamás en provecho de las clases populares y medias, sino en el de una minoría de empresarios y tecnócratas encarnada por su hijo Gamal, al que soñaba con dejar el trono del faraón hasta que estalló la revolución.

Bajo su presidencia se han ido deteriorando precarios servicios públicos como la sanidad y la educación y, so pretexto de aplastar a los islamistas, siempre ha regido el estado de excepción. En política exterior, el Egipto de Mubarak ha sido un leal gendarme de Israel y ha dejado de ser el faro político, ideológico y cultural del mundo árabe.

Su único mensaje era: “Soy yo o son los barbudos”. Le funcionaba. Norteamericanos, europeos e israelíes hicieron durante tres décadas la vista gorda a las torturas en Egipto con tal de que sirvieran para reprimir a los Hermanos Musulmanes. El viernes, Mubarak aún soñaba con que el truco le funcionara y le permitiera seguir caminando muerto un tiempo. Desde luego, el Israel oficial se acababa de retratar prefiriéndole a él antes que a la democracia.

Y es que al fondo del escenario de este drama faraónico se agolpan las sombras de los sacerdotes. Y muchos espectadores solo las ven a ellas. Cual terrible pesadilla.

Sobre esto escribía esta semana Robert Fisk desde El Cairo: “Mi móvil no dejaba de vibrar y siempre era la misma historia. Presentadores y redacciones querían saber si los Hermanos Musulmanes estaban detrás de esta demostración épica. ¿Tomarían Egipto los Hermanos Musulmanes? Les dije la verdad: eso son chorradas”.

Fisk sabe de lo que habla. Ni en Túnez ni en Egipto los islamistas han sido los motores de las protestas juveniles democráticas. Ni tampoco está escrito en las estrellas que los Hermanos Musulmanes ganen fatalmente unas elecciones democráticas en el valle del Nilo.

Y aun si las ganaran, ¿quién ha dicho que serían como los ayatolás iraníes? Es posible, por el contrario, que partidos confesionales democráticos semejantes a los democristianos europeos tengan un protagonismo en la marcha hacia la libertad del mundo árabe. Su modelo sería el AKP turco.

Sí, la Momia aún tenía esbirros esta semana. A pie, a caballo o en camello, los mandó el jueves a sembrar la muerte a El Tahrir y el miedo urbi et orbi. Lo había advertido Al Aswany, el autor de El edificio Yacubian: “Los últimos días de una dictadura son muy peligrosos. Los dictadores no piensan como nosotros: creen que son héroes nacionales y que el pueblo por el que tanto hicieron les ha traicionado”.

En este drama, un premio Nobel de la Paz, El Baradei, interpreta el papel del sabio valiente. Lo suyo sería ayudarle a él y a los demócratas egipcios a escribir un final feliz.

 

6 febrero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, egipto, revueltas islam | , , , , | Deja un comentario

Ayuda de 400 euros para parados con cargas familiares

Trabajo espera crear 100.000 empleos para jóvenes en un año

Gómez dice que la nueva ayuda de 400 eurosserá para parados con cargas familiares

ANA REQUENA Madrid 31/01/2011 19:59

El ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez. 

El ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez.EFE/Javier Lizon

El plan de choque contra el paro juvenil y de larga duración que el Gobierno ultima con autonomías y agentes sociales en el marco de la reforma de las políticas activas de empleo podría generar unos 100.000 empleos en un año, según dijo la secretaria de Estado de Empleo, Mari Luz Rodríguez.

Estos puestos de trabajo se generarían gracias a la reducción de las cuotas a la Seguridad Social de las empresas que contraten a tiempo parcial a personas que pertenezcan a alguno de estos colectivos.

Rodríguez recordó que se trata de un plan excepcional y que las empresas que luego conviertan esos contratos en otros de fomento del empleo se beneficiarán de las bonificaciones que ya contempla la reforma laboral.

Señaló además que los contratos a tiempo parcial tendrán que cubrir, al menos, el 50% de la jornada laboral habitual y que, por tanto, no se beneficiarán de la reducción de cuotas los contratos que cubran sólo una o dos horas.

UGT y CCOO reúnen hoy a sus órganos para dar el visto bueno al pacto

La secretaria de Estado aseguró que el nivel de contratación parcial de España está muy alejado del que hay en otros países europeos: en España, la tasa de empleo parcial está en el 12,7%, frente al 25% europeo.

“Hemos comprobado que donde hay más trabajo a tiempo parcial hay más participación de jóvenes en el mercado laboral”, dijo.

Los sindicatos no ven con buenos ojos esta medida y ponen el acento en la necesidad de centrarse en la transición de los jóvenes de la temporalidad a la estabilidad. Además, piden que la duración de esta medida no se extienda más allá de seis meses, mientras que la patronal demanda que su vigencia sea de dos años.

El Gobierno parece decidido a quedarse en un punto medio y reducir las cuotas durante un año.

Los flecos del pacto

Los sindicatos se oponen a la rebaja de cuotas en contratos parciales

La oposición de los sindicatos a esta rebaja en las cotizaciones provocó ayer que se encallasen las negociaciones de los flecos del pacto global entre Gobierno, sindicatos y patronal.

Fuentes gubernamentales apuntaron que posiblemente sería necesaria la intervención personal de los líderes sindicales, Toxo y Méndez, y de la patronal, Juan Rosell, para desatascar la negociación, que continuaba al cierre de esta edición.

Los agentes sociales y el Ejecutivo estaban analizando cuestiones como las políticas activas de empleo y la política industrial y energética.

CCOO ha convocado para hoy a su Consejo Confederal, mientras que UGT reúne a su Comité Confederal, sus máximos órganos decisorios, para analizar y aprobar el acuerdo global un día antes de que se presente oficialmente en un acto formal en el Palacio de la Moncloa.

400 euros

La formación será imprescindible para percibir la nueva ayuda

Otro de los asuntos que se perfilan en las nuevas políticas activas es la ayuda de 400 euros para jóvenes y parados de larga duración que hayan agotado su prestación y que sustituirá a los 426 euros que acaban el 16 de febrero.

El ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, introdujo ayer un matiz en el debate y dejó entrever que la nueva ayuda será para parados con cargas familiares, si bien no precisó más detalles. “Cuando tengan necesidades familiares, tendrán ayuda económica”, dijo.

La secretaria de Estado de Empleo, sin embargo, no incluyó este requisito entre las condiciones para acceder a los 400 euros y reiteró que se beneficiarán de esta ayuda las personas menores de 30 años en paro y los desempleados de larga duración cuyas rentas no superen el 75% del Salario Mínimo Interprofesional.

También subrayó que será imprescindible realizar acciones de formación, que durarán entre tres y seis meses.

1 febrero, 2011 Posted by | laboral | , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario