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La cara oculta de las noticias

Los precios internacionales de los alimentos y la revolución en Medio Oriente

Los precios internacionales de los alimentos y la revolución en Medio Oriente
VS 0 | | sección: web | 27/02/2011
Peter Popham (The Independent)

La revolución avanza. Mientras Khadafi suelta a sus matones y mercenarios para la pelea final en las calles de Trípoli, hay varias muertes en Irak a medida que las protestas se hacen más duras. El rey Abdulá de Arabia Saudita intenta sobornar a sus súbditos con una coima de 35.000 millones de dólares en viviendas, servicios sociales y becas. Ahí nomás en Bahrein sueltan presos políticos pero la situación no se calma. En Irán, el presidente Ahmadinejad no para de hablar, encantado, sobre el caos en el mundo árabe, sin mencionar el creciente odio en su propio país. La oposición en Yemen gana fuerza cada día.

Y no es cosa del Medio Oriente nada más. Es una crisis africana: Túnez, donde todo empezó, es un país africano y esta semana un desesperado veterano de guerra se quemó vivo frente al palacio presidencial de Senegal, imitando a Mohamed Bouazizi, el vendedor ambulante cuyo suicidio disparó la revolución tunecina. El espíritu de la revuelta se extiende como un incendio a media docena de naciones africanas desgobernadas, con serios disturbios en Mauritania, Gabón, Camerún y Zimbabwe.

Nadie está a salvo. Docenas de activistas chinos siguen detenidos o bajo vigilancia, y el gobierno cerró la red LindedIn para evitar protestas al estilo árabe. En lo que debe ser el régimen más represivo del planeta, Corea del Norte, el ejército reprimió una protesta en Sinuiji matando a cinco personas. Y no fue la única ciudad en manifestarse. Los generales que gobiernan Burma detrás de un fino barniz institucional no sacan el ojo de Medio Oriente, listos para volver a encarcelar a Aung San Suu Kyi a la primera señal de manifestaciones.

Nadie es inmune a esta ola de rebelión porque la globalización es un hecho. Los mercados están conectados de un modo íntimo y los problemas de uno enseguida se transforman en la furia del otro. Hace veinte años, las cosas eran más manejables. Cuando la producción de granos de la Unión Soviética se cayó en los años ochenta y un país que había sido exportador de granos tuvo que importarlos, el resultado fue la caída del sistema en unos pocos años. Pero eso fue todo. Hoy no hay esos diques y, gracias a las comunicaciones digitales, las cosas se aceleraron.

¿Por qué ahora? Hay varias explicaciones en oferta: nuevas poblaciones urbanas con educación y sin empleo, décadas de resentimiento acumulado contra lo que Peter Bergen, de la New American Foundation, define como “cleptocracias autoritarias y endogámicas que no saben gobernar”, Facebook y Twitter subvirtiendo el control de la población.

Lo que no aparece en la lista, para el asombro y alivio de EE.UU. y Europa son las cosas que se suponía eran la base del populismo árabe: el fundamentalismo islámico combinado con antisionismo y antiamericanismo. Como destacó un egipcio tras la caída de Mubarak, en ningún momento en las semanas de disturbios se le ocurrió a alguien atacar las embajadas de Israel o de Estados Unidos, aunque están a unas cuadras de la plaza Tahrir. “Ni siquiera les tiraron una botella de Coca”, dijo.

Claro que esto no significa que los aliados de Al Qaida no vayan a tratar de aprovechar el caos en Libia, tratando de que sea una Somalia en el Mediterráneo. Y nada garantiza que estas revueltas resulten en democracias. Es que la raíz verdadera de estos eventos, más allá de las discusiones sobre redes sociales, es un problema que va a empeorar en los años próximos, un problema que nadie puede realmente controlar.

La primera advertencia fue un documento publicado en diciembre en la página de la FAO, la organización dedicada a la alimentación y la agricultura de la ONU. “Los recientes episodios de extrema volatilidad de precios en los mercados agropecuarios internacionales anuncian riesgos crecientes y más frecuentes para la seguridad alimentaria del mundo. Hay un creciente consenso sobre que el sistema global de producción de alimentos es más vulnerable y susceptible a episodios de extrema volatilidad de precios. A medida que los mercados se integran en la economía mundial, los cambios en la arena internacional pueden ahora trasladarse y propagarse a los mercados locales de un modo más rápido.”

Estos cambios ocurrieron lejos de El Cairo y de Trípoli. Incluyeron incendios en Rusia que destruyeron cientos de miles de hectáreas de granos, fuertes lluvias en Canadá que arruinaron la cosecha de trigo, un verano caluroso y seco en Argentina que disminuyó la cosecha de soja, inundaciones en Australia que arrasaron el trigo. Medio Oriente, con su superpoblación y sus desiertos, importa la tercera parte del trigo del mundo. El efecto combinado de estos problemas en los países productores le creó una inflación en la canasta alimentaria del 32 por ciento en el segundo semestre de 2010.

La FAO atribuye esta volatilidad extrema de los precios a los desastres naturales como los terremotos, tsunamis y ciclones. “Históricamente, los episodios de extrema volatilidad son raros. Como los desastres naturales, tienen una baja posibilidad de ocurrir pero crean grandes riesgos y costos a las sociedades que los sufren.”

A comienzos de 2008 ocurrió otra cadena de problemas similar que causó disturbios por el precio de los alimentos en cuarenta países, de Haití a Bangladesh, pasando por México, Uzbekistán y Eritrea, además de otros que volvieron ahora a las primeras planas, como Yemen, Egipto, Marruecos, Mauritania, Senegal y Zimbabwe. Estos son parte de la lista de 80 países que combinan bajos ingresos con poca producción de alimentos, lo que los deja particularmente expuestos a las fluctuaciones de precios. En esos países, importar alimentos puede llevarse el 70 por ciento de los ingresos. Cuando el precio de las harinas y los granos sube un 30 por ciento, el resultado es extremadamente duro, tan duro que la gente sale a la calle.

El jefe del equipo económico de la FAO, Abdolreza Abbassian, anunció a su manera seca y académica el desorden que venía. “Se está poniendo incómodo”, dijo en diciembre. “Varios países, especialmente países pobres, dependen demasiado de los mercados internacionales y tienen que importar alimentos a precios mayores. No es posible predecir si esto producirá disturbios como los que vimos en 2008.”

Para los pobres de Medio Oriente, la suba de precios de comienzos de este año fue como un segundo terremoto en tres años. Pero al contrario de con un terremoto, esta vez había a quién echarle la culpa. Tan central era el problema, tan grande la furia, que cuando las marchas desbordaron las calles de Túnez el presidente Zine el Abidine Ben Ali declaró el estado de emergencia y al mismo tiempo prometió reducir el precio de la canasta alimentaria. Fue poco y fue tarde; para mediados de diciembre era historia.

Cuando el derrocado presidente partía al exilio, The Washington Post se preocupó con la posibilidad de que “estemos viendo el comienzo de una segunda ola de protestas mundiales por los precios de los alimentos”. Ya sabemos que las cosas resultaron algo diferentes: disturbios en 2008, revoluciones en 2011. La pregunta es dónde ocurrirán los próximos eventos y qué serán.

Página/12, Buenos Aires, 27/2/11
http://www.pagina12.com.ar/

Difundido por Correspondencia de Prensa germain5@chasque.net

28 febrero, 2011 Posted by | ARTÍCULOS de OPINIÓN, EDITORIAL, revueltas islam | , , , | Deja un comentario

Al Jazeera vio venir las revoluciones en África y los países árabes, ¿por qué no Occidente?

Al Jazeera vio venir las revoluciones en África y los países árabes, ¿por qué no Occidente?

16:43h | lainformacion.com

Para el director de la cadena qatarí de noticias: “Al Jazeera no ha escatimado esfuerzos para buscar a los verdaderos actores”

 

El director de la cadena Al Jazeera, Wadah Khanfar, ha relatado para el periódico ‘The Washington Post’ cómo ha visto su cadena las últimas revoluciones en África y Oriente Medio y como lo han relatado.

Wadah Khanfar afirma que el día que Hosni Mubarak renunció como presidente de Egipto, Al Jazeera se encontró con la dificultad, a pesar de su amplia red de periodistas, de estar en todas las partes en donde se sucedían al mismo tiempo las escenas de júbilo. Desde el norte de África hasta la Península Arábiga, los árabes estaban celebrando la recuperación de su autoestima, su dignidad y su esperanza, cuenta.

El director de la cadeba qatarí de noticias recuerda que las revoluciones populares de la zona no son nuevas. Sin embargo, “en cierto modo, el boom no podría haber llegado antes de ahora. Se trata de levantamientos de esos hijos e hijas que han sido educados vislumbrando un futuro mejor”. No olvida tampoco la relación de estos jóvenes con internet: “Estas revoluciones son guiados por la generación de internet, para quienes la igualdad y la influencia es la norma”.

Para Wadah Khanfar ahora está claro que el Estado moderno post-colonial ha fracasado estrepitosamente: “Durante las últimas décadas, los ministros árabes del Interior y los jefes de policía han dedicado enormes recursos y experiencia en el seguimiento y espionaje a su propio pueblo. Sin embargo, ahora, los mecanismos de seguridad en Túnez, Egipto y Libia se han desintegrado en el corto plazo”.

De la misma forma señala que estas revoluciones han puesto de manifiesto no sólo el fracaso de los políticos tradicionales, sino también el de las élites morales, políticas y económicas árabes de cierta edad. “Esas élites no sólo han tratado de controlar a su propio pueblo, sino que también han tratado de manchar las opiniones de los medios de comunicación de la región y de todo el mundo“, matiza.

Cerca de esas nuevas generciones

“Desde el lanzamiento de Al Jazeera hace casi 15 años, hemos optado por mantenernos cerca de la calle árabe, medir su pulso y reflejar sus aspiraciones”, dice Wadah Khanfar, que afirma que tenían claro lo que estaba sucediendo lejos de otros medios más “dóciles” aliados con el poder.

“Al Jazeera no ha escatimado esfuerzos para buscar a los verdaderos actores” y “nos hemos guiado por la firme creencia de que el futuro del mundo árabe se forma por la gente que nada tiene que ver con las elites envejecidas y debilitados, que sí han mostrado otros medios de comunicación”, cuenta Khanfar.

Además no olvida que Al Jazeera siempre fue contracorriente y que durante los últimos levantamientos inundó los temas con con videos, fotos y escritos sobre esta nueva generación.

“Nos negamos a ceder en nuestra política editorial, que da prioridad a las quejas y aspiraciones de la gente común”. Deja claro también que nunca han sucumbido a las amenazas ni a los castigos.

27 febrero, 2011 Posted by | libia | , , | Deja un comentario

¡Es la revolución, estúpidos!

ERNESTO EKAIZER

¡Es la revolución, estúpidos!

ERNESTO EKAIZER 22/02/2011 01:00 Actualizado: 22/02/2011 02:33

Hace pocos días, la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), que viajó a Libia el pasado mes de octubre, concluyó su informe sobre la economía de dicho país, que se puede leer desde el 9 de febrero en la página web de la institución.
 
Los economistas “dan la bienvenida al fuerte comportamiento macroeconómico y el progreso en reforzar el papel del sector privado” así como el “ambicioso programa de privatizar bancos y desarrollar el naciente sector financiero”.
Libia, a su modo, era también una darling (una querida) de los mercados y de las instituciones que representan sus intereses.

Pero he aquí una descripción que ayuda a entender cuáles eran las expectativas del dictador Muamar Gadafi ante la marea que subía en el norte de África.

Es posible derrocar a Gadafi del mismo modo que lo fue con Mubarak

El informe señala: “Los recientes acontecimientos en los vecinos países de Egipto y Túnez han tenido un impacto económico limitado hasta ahora en Libia.

Para contrarrestar el efecto del alza del precio de los alimentos el Gobierno ha cancelado el 16 de enero pasado los impuestos y aranceles sobre los alimentos nacionales e importados.

El Gobierno ha anunciado también la creación de un fondo multimillonario de dólares para inversiones y desarrollo local que se centrará en ofrecer viviendas para la crecientepoblación”.

Que ha sido demasiado tarde lo ha visto el propio dictador que ha intentado en las últimas horas ahogar en sangre las revueltas en todo el país.

Ayer, parecía confirmarse que pese a la brutal represión y a la existencia de centenares de muertos, el régimen de Gadafi había perdido el control de la segunda ciudad del país, Bengasi, al tiempo que las movilizaciones se generalizaban en todo el país.

Con todas las cautelas necesarias, parece haber una gran diferencia entre los acontecimientos en Egipto y los que se están desarrollando en Libia.

La feroz represión con armas de fuego y ataques desde helicópteros ha provocado, particularmente en Bengasi, una insurrección en regla, en la cual los manifestantes han logrado obtener armas abandonadas por policías y militares en edificios gubernamentales.

Ejército dividido

Por otra parte, hay múltiples testimonios según los cuales el Ejército libio se halla dividido, con un sector que ha pasado al lado de las protestas.

La levadura de esta insurrección es desde luego la convicción de que es posible derrocar a Gadafi del mismo modo que lo ha sido imponer la renuncia de Hosni Mubarak en Egipto.

Pero mientras el Ejército egipcio optó por encajar las movilizaciones, el libio ha seguido las órdenes del dictador, lo que indudablemente ha radicalizado la situación.

Gadafi ha agitado el fantasma del tribalismo y el terrorismo como en su día Mubarak el del islamismo radical, ambos con el objetivo de conseguir el respaldo de sus viejos y leales amigos en Europa y en Estados Unidos.

Pero sus amigos, como los de Mubarak, ya nada pueden hacer por él. Cuando uno lee los informes del FMI, donde, por cierto, no se puede encontrar una sola referencia a la tasa de desempleo en Libia, que al parecer se sitúa en el 30% (como antes los de Túnez, donde se sugería la reforma del sistema de pensiones), es difícil reprimir una frase que lo dice todo: ¡Es la revolución, estúpidos!

22 febrero, 2011 Posted by | 1.-ISLAM | , | Deja un comentario

¿Y si el caos fuera Mubarak?

¿Por qué le llamamos “revolución”?

Los periódicos de Occidente tratan de dar respuesta a las grandes preguntas que suscitan las revueltas en el mundo árabe

JAVIER VALENZUELA – Madrid – 08/02/2011

¿Por qué llamamos “revolución” a los acontecimientos de estas semanas en el mundo árabe?

El mismo día de la caída del autócrata tunecino Ben Alí, el pasado 14 de enero, numerosos periodistas, arabistas y expertos en política internacional comenzaron a usar el término revolución para lo sucedido en el pequeño país magrebí. ¿Por qué?

Pues porque, como escribe hoy en EL PAÍS el filósofo francés André Glucksmann, “un levantamiento popular que acaba con un régimen despótico se llama revolución”.

Una subida del precio de tal o cual bien básico, una impopular medida gubernamental o una controvertida decisión judicial pueden suscitar “protestas” aquí o allí. Pero cuando estas “protestas” no se detienen ni con la represión ni con ninguna concesión del poder, exigen su caída inmediata y su sustitución por un nuevo orden político, tenemos que hablar de “revolución”. Máxime cuando triunfa.

Al caso tunecino se le ha dado en llamar la “revolución del jazmín”. Los tunecinos han pagado un elevado precio en sangre para derrocar a Ben Alí, pero su lucha y su victoria han inspirado de inmediato a los sectores más informados y combativos de la juventud urbana egipcia. Su fuego ha prendido en el Valle del Nilo.

¿Puede haber “revolución” sin un partido y un dirigente que la lideren? Edwy Plenel, en Mediapart, ha dado el 2 de febrero una excelente respuesta a esta pregunta: “Que sea imprevisible es, precisamente, su primera virtud: quiebra lo que parecía inquebrantable, agita lo que parecía inmóvil, desestabiliza lo que parecía inmutable.

Y esto es lo que la historia llama una revolución: no porque pueda preverse o controlarse, sino porque llega sin advertir e inventa su propio camino, sin programa, partido o líder preestablecidos.

Una verdadera revolución no es el golpe de fuerza de alguna autoproclamada vanguardia: se desarrolla y se inventa al modo de una apuesta pascaliana, sin otra garantía que la esperanza”.

Más que con organizaciones o líderes, una revolución tiene que ver con ideas, es la encarnación en un movimiento popular de determinadas ideas. Los franceses saben de esto: su república es la biznieta de la revolución de 1789 y sus ideas de libertad, fraternidad e igualdad.

Por eso el arabista Henry Laurens, en la última edición de Le Nouvel Observateur (3 de febrero de 2011), ha recordado: “Las revoluciones crean sus propios cuadros. Los que destruyeron la Bastilla ignoraban que estaban desencadenando la Revolución Francesa”. Y Glucksmann acoge los sucesos de Túnez y Egipto con la “simpatía” rayana en “el entusiasmo” con que Kant acogió la Revolución Francesa.

¿Por qué la calificamos de “democrática”? Tanto en Túnez como en Egipto los manifestantes dejaron claro desde el primer minuto que luchaban por la libertad, la dignidad y la justicia, por la sustitución en sus respectivos países de la autocracia por la democracia. Los pueblos árabes toman su Bastilla, titulaba Rosa Meneses su análisis en El Mundo del 7 de febrero.

Y subtitulaba: “Las revueltas de Túnez y Egipto beben de la Revolución Francesa y no de la iraní”. “Estas sociedades (las norteafricanas) han demostrado estar más cerca de nosotros de lo que pensábamos”, escribe. “Tienen nuestros mismos anhelos: aspiran a encontrar un lugar en el mundo, a tener oportunidades para ganarse la vida, a cuidar de sus familias, a ser libres… Como razonara el escrito sudanés Tayeb Saleh, “son exactamente como nosotros”.

Y en este sentido, nos han dado una lección”.

¿Teherán 1979 o Berlín 1989? Así titula hoy (8 de febrero de 2011) Roger Cohen su columna en el International Herald Tribune.

Escribe Cohen: “¿Es esto un amplio alzamiento contra la dictadura cuyo objetivo de libertad y democracia puede ser usurpado por islamistas organizados?

¿O supone el final de ese Parque Jurásico Árabe donde, desde Yemen a Túnez, han gobernado déspotas envejecidos, y el principio de un florecimiento democrático que cambie el mundo como lo cambió el colapso del imperio soviético?

Si es esto último, como yo creo, es crucial comprenderlo correctamente”.

Lo que dice Cohen es que una actitud decidida de Estados Unidos y la Unión Europea a favor del cambio democrático, como la que adoptaron en el colapso del imperio soviético, puede decidir que la balanza caiga del lado de 1989.

La pasividad asustada jugaría en sentido contrario. Timothy Garton Ash lo expresó así el lunes 7 de febrero en EL PAÍS: “El futuro de Europa está en juego esta semana en la plaza de Tahrir de El Cairo, igual que lo estaba en la plaza de San Wenceslao de Praga en 1989”.

Una revolución puede fracasar, por supuesto. Incluso en el caso de triunfar puede orientarse en uno y otro sentido no sólo en función de las circunstancias internas sino también de las fuerzas externas.

¿Debe el miedo a los islamistas condicionar la actitud occidental? Los islamistas no han desempeñado ningún papel en el desencadenamiento de las revueltas tunecina y egipcia. En este último caso, el protagonismo inicial habría que dárselo a grupos de jóvenes demócratas muy activos en las redes sociales como Kefaya (Basta ya), Khaled-Said y 6 de abril.

Ahora bien, ¿pueden terminar capitalizándolas? No necesariamente. El 7 de febrero Xavier Antich escribió en La Vanguardia: “Estos días han vuelto a aparecer los tics coloniales habituales en estos lares.

Escuchamos cómo se elogian las ansias de libertad y a la par cómo se expresa el miedo por lo que vaya a pasar después, ese miedo al que siempre se le pone nombre, “fundamentalismo islámico”, sin saber, ni remotamente, el peso que eso, sea lo que sea, tiene entre la población de Egipto”.

Negar a los árabes la posibilidad de acceder a la democracia sólo porque cabe la posibilidad de que ganen los islamistas es, como observa Antich, una actitud colonialista. Por el contrario, Occidente debería asumir sin mayores angustias la posibilidad de que, en algunos países árabes, partidos islamistas contrarios a la violencia y respetuosos del marco democrático obtengan buenos resultados electorales.

Lo explica así Plenel: “¿Por qué, en la transición democrática del mundo árabe, no puede haber un lugar para familias políticas que se reclaman de la religión dominante, tal como fue el caso, y sigue siéndolo, de los demócratas cristianos en Europa?”.

Y continúa pedagógicamente: “A comienzos de los años 1980. ¿había que desear la represión del sindicato Solidaridad en Polonia porque grandes ceremonias católicas se celebraban bajo su égida en los astilleros de Gdansk?

¿Había que desear el mantenimiento del dominio soviético sobre Europa del Este porque su hundimiento amenazaba con liberar fuerzas conservadoras, reaccionarias o religiosas, como así ocurrió?”

¿Es Turquía el modelo que podrían seguir las revoluciones árabes? En declaraciones a Le Monde (8 de febrero de 2001), Ghassan Salamé, politólogo y ex ministro de Cultura libanés, cree que el momento en el que la Turquía contemporánea comenzó a llamar la atención del mundo árabe fue cuando, en enero de 2009, en plena ofensiva militar israelí contra Gaza, su primer ministro Erdogan abandonó una mesa redonda en Davos enfadado por las justificaciones a la violencia que estaba dando Shimon Peres.

“La autopista hacia el corazón de los árabes es una actitud empática, solidaria con los palestinos”, dice. A partir de ahí, los árabes comenzaron a interesarse por el modelo turco: su democracia, su crecimiento económico, el menor protagonismo de su Ejército. “De este modo”, afirma Salamé, “Turquía se ha convertido en el modelo dominante. Irán ya no es el único modelo. Y el modelo turco”, remata, “es el equivalente a la democracia cristiana”.

¿Mubarak o el caos? Esta es la carta suprema que está jugando el rais egipcio y que ya le han comprado Israel, algunos políticos occidentales y parte del pueblo egipcio. En su columna Una república llamada Tahrir, Roger Cohen escribe en el Tribune del 7 de febrero:

“Aceptar el argumento Mubarak o el caos es una falta de respeto al civismo de la plaza Tahrir. Es una muestra del fracaso occidental ante la explosión de la sed árabe en pro de la dignidad y un gobierno representativo”.

Cohen recuerda como los manifestantes que reclamaban la salida de Mubarak formaron una cadena humana alrededor del Museo Egipcio para protegerlo. En esa misma edición del Tribune, David Kirpatrick informaba: “En el día cristiano de oración (el pasado domingo) los coptos celebraron una misa en la plaza (Tahrir) mientras los musulmanes, devolviendo un favor, les protegían. El viernes los coptos hicieron la guardia durante las plegarias musulmanas”. ¿Y si el caos fuera Mubarak?

8 febrero, 2011 Posted by | 1.-ISLAM, ARTÍCULOS de OPINIÓN, EDITORIAL, egipto | , , , , | Deja un comentario